La religión enriquece la educación

Plasencia Rodriguez Magro AmadeoMons. Amadeo Rodríguez       Queridos diocesanos:

En esta primera carta, con la que me dirijo a toda la Diócesis tras mi incorporación como vuestro obispo, el tema del que quiero hablaros es el de la clase de religión en la escuela. Aunque es para todos, los destinatarios más interesados en lo que os voy a decir sois todos los que os movéis en torno a la escuela, pero sobre todo los son los padres y madres de familia. Pongo de este modo a la familia, ya desde el comienzo de mi ministerio, en el punto de mira prioritario de mi preocupación pastoral.

Ser familia, como sabéis, es el mayor bien que el ser humano puede poseer después de la vida; de ella deriva lo mejor que recibimos en cualquiera de las épocas de nuestra existencia. La familia pone el amor y, con el, asume sus responsabilidades al ocuparse del desarrollo de todos sus miembros. Una de esas responsabilidades es la preciosa tarea de los padres de educar a los hijos. Se puede muy bien decir que todos somos lo que Dios, la naturaleza y la familia – esa cadena amorosa – han hecho de nosotros. De un modo especial la educación encauza nuestra identidad y dignidad como personas. Ese arte de educar, la familia no lo ejecuta sola, necesita la ayuda de la sociedad y, cuando es creyente, recibe también la ayuda de la Iglesia.

Hay un ámbito educativo que, a medida que crecen los hijos, colabora con la familia en la educación, se trata de la escuela. Ella ofrece a los niños y niñas una educación plena. Eso no significa que desaparezca la responsabilidad de los padres, ellos tienen que estar necesariamente en contacto con la escuela, porque continúan siendo los primeros responsables de la educación de sus hijos. Por eso, ellos tienen el derecho primario de elegir el modelo de educación que quieren, y el estado y las administraciones tienen que tenerlos en cuanta en sus leyes.

Un alto porcentaje de los padres giennenses comprenden muy bien que la religión ha de tener un espacio en la escuela para que la educación sea plena e integral y, por tanto, la religión pueda hacer su imprescindible aportación en la educación. Esos padres son conscientes de que todo ser humano tiene derecho a cultivar su dimensión transcendente. Por eso,  el saber religioso no puede estar ausente de los otros saberes que se ofrecen en la escuela. La religión le da armonía y horizonte a lo que la escuela ofrece.

Queridos padres, no hace falta que a vosotros os diga todo lo que significa la clase de religión para vuestros hijos y todo el bien que les hace. Como muy sabéis es necesaria para su desarrollo como personas. La clase de religión nunca es un estorbo; al contrario, de no estar en la escuela, a la educación le faltaría algo esencial. La religión es un aporte enriquecedor de todo aquello que deseáis para vuestros hijos e hijas.

Pues bien, por todas estas razones, que estoy seguro valoráis, me vais a permitir que os anime de todo corazón a apuntar a vuestros hijos a la clase de religión. Tomad la iniciativa, id a los colegios y manifestad lo que queréis y, si os preguntan, dad la razón por la que habéis hecho esta opción. Recordad que cuando se apunta a los hijos a la clase de religión se pide algo importante para su educación: que se cultive la cultura cristiana desde la que ellos y vosotros vivís vuestra fe; pues, de lo contrario, el hecho religioso quedaría al margen de los conocimientos y saberes de los niños y jóvenes y dejaría de estar integrado con los otros saberes, con las otras dimensiones del saber. Además, eso sería para ellos y para la sociedad un grave perjuicio social: si los niños no estudian religión en la escuela se va destruyendo poco a poco la cultura cristiana y, por tanto, se deteriora la identidad de la persona y de los pueblos.

Convencido de que entendéis lo que os estoy pidiendo y las razones que hay para ellos, os agradezco de corazón que acojáis la palabra de vuestro obispo y apuntéis a vuestros hijos e hijas a la clase de religión.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Jaén

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.