El amor en el día a día

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol          Es una pequeña anécdota real. Un matrimonio vivía en una casa con jardín. El marido murió de forma repentina y, como además era muy conocido por ser el médico del pueblo, mucha gente acudió al velatorio que era en la propia casa. A los pies del féretro la viuda había depositado una rosa. El gesto cobraba especial significado para quien sabía que durante muchos años, cuando había flores en el jardín, la mujer acudía al levantarse a buscar una para llevarla a la mesa de despacho de su marido.

El amor matrimonial necesita ponerse de relieve en circunstancias especiales ­–una enfermedad, un contratiempo–, pero también en el día a día, como se expresa en la exhortación del papa Francisco Amoris lætitia.

Para que este amor conserve su frescura inicial, y la aumente incluso, el Papa anima a los esposos a utilizar tres palabras clave, que ya recomendó otras veces: permiso, gracias y perdón. Son tres actitudes: la delicadeza al dirigirse al otro cónyuge, la gratitud por los pequeños servicios, que a veces no requiere de palabras sino que basta una caricia o una sonrisa, y saber disculparse por cualquier imperfección que haya podido molestar en la convivencia.

El amor matrimonial no puede detenerse, pues como el agua estancada, se corrompería. Tampoco puede ser fruto de la inercia, es decir de un apasionamiento inicial que tiene fuerza suficiente para durar toda la vida. Debe renovarse cada día, aunque no se expresará siempre de la misma manera.

Hay una maduración en el amor de los esposos. El primer impacto, caracterizado por una atracción marcadamente sensible, deja paso a la necesidad de percibir al otro como parte de la propia vida. Ya no solo es alguien que me gusta, que me atrae y hace feliz, sino alguien a quien veo como inseparable de mi propio destino.

Respetando la intimidad del otro, ya son dos miradas que confluyen en un mismo objetivo: el amor y la atención a los hijos, en la mayoría de casos. Y siempre un acompañamiento en medio de las vicisitudes de la vida personal y social.

El Papa repara también en que la prolongación de la vida en la época actual hace que se produzca algo menos común en otros tiempos: la experiencia de envejecer juntos a través de una mutua pertenencia que puede ser de cuatro, cinco o seis décadas. También en la ancianidad, cuando la pasión amorosa no es tan viva, hay la necesidad de elegirse una y otra vez. El amor auténtico no envejece, se refuerza.

+ Jaume Pujol

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.