Actualización de las plagas de Egipto

Mons Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas         Durante una reunión eclesial en la que se analizaba la situación religiosa, económica, cultural y política actual, la mayoría de las valoraciones parecían reflejar versiones actualizadas de las plagas de Egipto.

Respecto de la Iglesia, la pregunta clave era en qué nos hemos equivocado para que los niños bautizados no sean inscritos en la catequesis; o porqué tras la primera comunión no continúan su formación; o porqué desciende considerablemente el número de confirmaciones; o porqué en los medios de comunicación pocos opinadores ofrecen razones de peso para entender y difundir la propuesta cristiana; además de la ausencia continuada de jóvenes en nuestras comunidades parroquiales, en las que también faltan personas de entre 30 y 50 años.

Sobre la dimensión política, se comentaba la incapacidad de un diálogo sereno para alcanzar acuerdos pensando verdaderamente en el bien común de la ciudadanía. En este punto la expresión era, ante todo, de desconcierto — ¿qué pasará? —, con la sensación generalizada de hallarnos en medio de un laberinto, del cual no se entrevé una salida a corto plazo. Y se lamentaban también las descalificaciones e insultos habituales entre quienes, por su estatus público, deberían ser referentes para las nuevas generaciones.

Otros participantes en la reunión constataban dolorosamente que un porcentaje importante de ciudadanos ha de seguir estrechándose el cinturón y hacer equilibrios de todo tipo para llegar a fin de mes, mientras ven que, de una forma legal o sirviéndose de corruptelas, otros se han enriquecido exageradamente. Y en el ámbito de la cultura, que parece reducida a unos círculos privilegiados, lamentaban que con frecuencia se impone la llamada porno-comunicación, que está ganando la partida a muchas otras expresiones culturales.

Ciertamente, parecía la enumeración de un seguido de desastres que invitaban a una actitud reactiva y defensiva, a un individualismo creciente o, todavía peor, a un “¡a mí que me importa!, que hagan lo que quieran!”. Pese a todo, pienso que la valoración no es del todo justa y real. Se olvidaban de tantos y tantos signos de liberación y de salvación que, aguzando bien la mirada, apreciaremos que también están muy presentes entre nosotros:

–  Las familias, en su mayoría, son fieles a su misión y son hogar de acogida.

–  En nuestro país, pese a sus déficits, se mantiene la convivencia, gracia a los ciudadanos y al ejercicio de sus responsabilidades, desde las más sencillas a las más complejas.

–  Los ayuntamientos cuidan del bien común y ejercen una buena administración. Las excepciones no han de ser el referente.

–  Los hospitales y la sanidad funcionan bien, y los enfermos son atendidos con calidad, pese a algunos déficits como las listas de espera.

–   Las escuelas cumplen su misión gracias al esfuerzo de profesionales docentes comprometidos con su vocación.

–   Los ancianos, en su mayoría, están bien atendidos.

– En las parroquias y grupos eclesiales existe un núcleo fiel de cristianos que siguen actualizando la misión de Jesús, con las puertas abiertas para acoger a todo el mundo.

–  Y tenemos instituciones como Caritas y tantas otras que ofrecen importantes programas de acción social que a día de hoy son fundamentales.

Y podríamos seguir ofreciendo otros muchos ejemplos positivos y de esperanza. Pero prefiero que cada cual se dé cuenta por sí mismo de los signos y los hechos de liberación y salvación (signos evangélicos) que le rodean. Agucemos de nuevo la mirada, porque esta es nuestra sociedad, a la que hemos de amar, tratando de contribuir a su crecimiento espiritual y material en nombre de Jesús.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.