Un corazón que ama de modo humano

IcetaMons. Mario Iceta        Jaungoikoari eskerrak emoteko sasoia da

Concluimos el curso pastoral dando gracias a Dios por todos los dones recibidos. El agradecimiento debería ser un elemento fundamental de nuestra vida. ¡Qué tienes que no hayas recibido! El año de la misericordia es un tiempo para reconocer la infinita bondad de Dios y dejar brotar el agradecimiento. Esta misericordia hace referencia a la fidelidad plena de Dios. Su amor se transforma en misericordia ante las limitaciones y finitud del ser humano, especialmente ante el hombre pecador. “La misericordia de Dios se expresa en una Alianza a la que Él será siempre fiel, a pesar de las infidelidades del pueblo. De ahí viene la palabra misericordia: Un corazón que se vuelve hacia la miseria humana, el corazón de Dios que abraza y rescata de la fragilidad, de la quiebra interior y del pecado al ser humano para restablecerlo nuevamente en la Alianza. El término misericordia adquiere su profundo significado precisamente ante la infidelidad y el sufrimiento. La fidelidad de Dios sale en rescate de quien ha sido herido y derribado en su caminar.” (cfr. Misericordia entrañable, 5).

Aita errukitsua da bere seme-alaba guztiakaz

En el Antiguo Testamento, el nombre de Dios es no sólo el tetragrama YHWH, revelado a Moisés, sino también es misericordia. Así, ante Moisés, Dios revela su propia intimidad afirmando de Sí mismo: “Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad, que mantiene la clemencia hasta la milésima generación, que perdona la culpa, el delito y el pecado” (Ex 34, 6-7). Y en el Nuevo Testamento aparecen multitud de textos que nos hablan de esta misericordia de Dios, de modo particular en las parábolas que nos presenta el capítulo 15 de San Lucas: la oveja perdida, la dracma perdida y, por antonomasia, el Padre que es bueno y misericordioso tanto con el hijo pródigo como con el hijo mayor.

Gugan baino ez dogunean pentsetan poztasun barik bizi gara

A este respecto, quisiera señalar la falta de agradecimiento del hijo mayor de la parábola. El Padre le dice: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado” (Lc 15, 32). Pero el hijo mayor había perdido el amor primero. Estaba físicamente con el Padre pero su corazón no estaba con él. Había perdido la conciencia de hijo y esto provoca la terrible dureza de corazón y la falta de alegría. En el fondo, es la pérdida de conciencia de que todo es don, todo es gracia. Que nuestra vida ha sido fundamentalmente recibir y que por ello nuestra respuesta debe ser de agradecimiento, de alegría y de corazón misericordioso y compasivo como el del Padre. Cuando sólo pensamos en nosotros mismos, cuando nos encerramos en nuestro egoísmo, desaparece la alegría y el agradecimiento. En cambio, cuando salimos de nosotros para encontrarnos con Dios y con los demás, se hace verdadera la afirmación de la Escritura de que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20, 35).

Maitasunak maitasuna dakar

El hijo mayor necesitaba urgentemente un profundo cambio de corazón. El amor mueve a amor y Jesús nos ha enseñado a amar de un modo nuevo. Él no sólo nos ama con el amor divino, sino que también nos ama con corazón humano. Es la realidad que celebramos en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Dios nos ama en Cristo y Él nos enseña a amar con un corazón como el nuestro. Él conoce qué significa tener sensibilidad, tener afectos, sentir la alegría, el agradecimiento, y también el sufrimiento, la angustia, la traición, la ingratitud… Y así nos puede enseñar a amar en nuestras circunstancias, en momentos de plenitud y en situaciones de dificultad. De este modo nos hace capaces de que cada momento de nuestra vida pueda ser vivido en el amor, incluso aunque nos parezca a primera vista imposible.

Udaldian be Jaungoikoaren laguntasuna izan daizuela

Por eso, debemos pedir a Dios que nos conceda salir continuamente de nosotros mismos para recibir el amor que viene de Él, ya que Él nos amó primero (1 Jn 4, 7). De este modo podremos encontrar a Dios en todas las situaciones de la vida, en todas las personas y en todas las cosas. San Francisco de Asís, transformado por este amor, percibía esta presencia de Dios en todas las circunstancias de su existencia, incluso amansando el momento de su muerte hasta percibirla como “hermana muerte”. Esta misericordia de Dios que inunda y transforma nuestra vida la celebraremos este verano en Cracovia, junto al Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud. Su lema es “Bienaventurados los misericordiosos”. Quiera Dios que podamos educar a los jóvenes en esta misericordia, a imagen del Padre, para que sean capaces de construir un futuro de fraternidad y esperanza. Que el Señor os siga acompañando durante el tiempo de verano y podáis encontrar largos tiempos de trato personal con Él, de encuentro con familiares y amigos, de servicio a los necesitados y de un merecido descanso. Con gran afecto.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 64 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.