Mons. Omella a los políticos catalanes: «Ustedes están llamados a actuar como garantes de la libertad humana»

Barcelona Mons. Omella en el ParlamentEl arzobispo de Barcelona Mons. Juan José Omella asistió el 6 de junio al Parlament de Cataluña, invitado por la Associació d’Antics Diputats para dar una conferencia sobre «Política y religión», en el marco de su acto académico anual. La presidenta del Parlament, Carme Forcadell recibió el arzobispo, que fue presentado ante los miembros por la responsable de la entidad y ex presidenta del Parlamento, Núria de Gispert.

«Garantes de libertad humana»

«Ustedes están llamados a actuar como garantes de la libertad humana». Con esta llamada planteaba Mons. Juan José Omella la misión de velar por la dignidad política para trabajar por el bien común, tal como quiere y pide la Iglesia. «Estamos llamados a dejarnos guiar por nuestra conciencia más profunda ya formarla rectamente», dijo el arzobispo, que invitó a los políticos a trabajar «protegiendo especialmente los más débiles y vulnerables, buscando siempre la consecución del bien común desde una conciencia moral formada por la luz del mensaje de Jesucristo».

Principios por el bien común

Omella apeló a la conciencia política y animó a construir una sociedad más justa desde cuatro principios doctrinales de la Iglesia que segun dijo, «están por encima de los colores políticos, no pertenecen a ningún partido, sino que son comunes a todos los hombres del planeta». En primer lugar, la dignidad de la persona, un fundamento de toda sociedad y que vela por el respeto de cada uno que conforma la sociedad. La subsidiariedad, el segundo principio por el que se recuerda que «el estado está al servicio del hombre, no la persona al servicio del estado». Según expresó Omella, «la persona se forma en el seno de una familia, y el Estado tiene la obligación de garantizar el bien de esta».

En tercer lugar, el bien común, para garantizar el desarrollo de todo ser humano en todas sus dimensiones «de manera que ninguna persona quede excluida» y, finalmente la solidaridad y la fraternidad «para evitar caer en la indiferencia».

El arzobispo apostó por una respuesta basada en la misericordia y donde los pobres «deben ser los preferentes, que necesitan una respuesta por parte de la política, la sociedad y la iglesia». Tal y como argumentó, es necesario el esfuerzo de todos para «construir un mundo y una sociedad donde la vida y la dignidad humana sean respetadas y prevalezca la justicia y la paz».

Desencanto de los jóvenes

Para la buena construcción de la sociedad, el arzobispo reflexionó sobre el desencanto de los jóvenes por la política y por la Iglesia, que obliga a hacer un examen de conciencia. «¿Qué hemos hecho mal – se preguntó Omella- para que los jóvenes tengan recelos o, incluso, no confíen con los partidos políticos que han tenido más incidencia en la vida pública- y el mismo diría de la Iglesia, que tanto a hecho por la sociedad y por los pobres- y quieran mantenerse al margen de los paridos y de la Iglesia o busquen alternativas ..? «. Seguidamente animó a «huir de la búsqueda del dinero y los poderes para ponerse a disposición del servicio a los más pobres y desprotegidos».

El papel de la mujer

El momento más polémico fue en el turno de preguntas en relación al papel de la mujer en la Iglesia, cuando Omella explicó como «el trabajo de la mujer es igual de importante que el del hombre», y que avanza cada vez más en los puestos de servicio eclesial.

«Vamos ahora a una Congregación en Roma- expuso el arzobispo- y el secretario o subsecretario es una mujer o una monja, y allí el cardenal o el arzobispo ha de ir a pasar cuentas con ella… Bueno , el último cargo aún es un cardenal que es perfecto. Quizás el día de mañana podría ser perfectamente una mujer. Porque no?» […] «Y eso yo pienso que el Papa Francisco, con el diálogo que he podido tener con él, lo ve muy claro. Otra cosa – añadió Omella- es el servicio ministerial, que es de diácono o de presbítero . Esto es más complicado porque es un problema teológico».

Deseo de diálogo

Núria de Gispert, así como, Joan Rigol agradecieron la presencia del arzobispo el que se mostró en todo momento dispuesto a caminar al lado del Estado, para garantizar que se vele por la dignidad de las personas. «La Iglesia da la mano para contribuir en la construcción de una sociedad más libre, democrática, justa y en paz. Todos juntos podemos más que por separado». En esta línea, el arzobispo mostró su deseo para que «continúe el diálogo con los líderes políticos y contribuir juntos por el bien de la sociedad».

(Montse Punsoda – Archidiócesis de Barcelona)

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