La Adoración Perpetua Eucarística – Cuarto Aniversario

Mons. Cerro ChavesMons. Francisco Cerro       Hace cuatro años, con la ayuda inmensa del p. Justo y de la parroquia de Fátima, se iniciaba en la Iglesia Diocesana un proyecto de oración, de adoración, de vida en torno a la Eucaristía. La Adoración Perpetua Eucarística es hoy una realidad diocesana.

El proyecto sigue vivo. Son muchos los que se benefician día a día del gozo de experimentarse amados por la cercanía de Dios. La Eucaristía devuelve a los que la contemplan la alegría del encuentro y nos impulsa sin titubeos a los pobres, a la evangelización, a vivir cantando las misericordias del Señor.

Benedicto XVI nos recordaba: «La adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es por sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos. Precisamente así, y solo así, nos hacemos una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial. La adoración fuera de la Santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. En efecto, “solo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura, luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no solo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros”.

Por tanto, unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria. A este respecto, será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las Iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua. Recomiendo también que en la formación catequética, sobre todo en el ciclo de preparación para la Primera Comunión, se inicie a los niños en el significado y belleza de estar junto a Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía.

Además quisiera expresar admiración y apoyo a los institutos de vida consagrada cuyos miembros dedican una parte importante de su tiempo a la adoración eucarística. De este modo ofrecen a todos el ejemplo de personas que se dejan plasmar por la presencia real del Señor. Al mismo tiempo deseo animar a las asociaciones de fieles, así como a las cofradías que tienen esta práctica como un compromiso especial, siendo así fermento de contemplación para toda la Iglesia y llamada a la centralidad der Cristo para la vida de los individuos y de las comunidades” (Benedicto XVI. Exhortación apostólica Postsinodal Sacramentum Catitatis. 13-03-2007).

Necesitamos más adoradores “en espíritu y verdad”. Hombres y mujeres que seducidos por la presencia de Dios hecho carne, adora de noche y de día al Amor de los amores, para “aterrizar” en una entrega a los que sufren y al servicio inmenso de la evangelización.

Nuestro XIV Sínodo Diocesano tiene alma y vida, porque la oración, la adoración, nos lanza a evangelizar y, con el papa Francisco, a vivir una Iglesia en salida, que camina hacia las periferias, donde el dolor y la realidad de tanto sufrimiento en este “hospital de campaña”, nos lleva al servicio de los heridos de la vida. Es necesario vivir con un corazón que adora y agradece.

+ Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.