Madre de todas las bienaventuranzas

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez        Esta es la madre de todas las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3-12). El ser humano es feliz cuando se coloca en el lugar que le corresponde como creatura. Acepta que ha sido creado por Dios para obedecerle y ser feliz en esta vida y eternamente en el Cielo. Se siente dependiente de Dios, débil, pobre, necesitado de Él, mendigo de su providencia y misericordia. Esta actitud no es un sometimiento irracional y ciego, sino la respuesta a los principios fundamentales que lleva gravados en su corazón.

Cuando no acepta con gratitud y amor esta ley básica de la conciencia y se rebela le va muy mal, no es feliz. El ejemplo de lo que le pasa está narrado en el libro del Génesis. La primera humanidad quiso emanciparse de Dios. “Seréis como Dios” les dijo el tentador. Desobedecieron a Dios. Quisieron dominar la ciencia del bien y del mal y ser los dueños y programadores de la vida y de la tierra. Automáticamente se dieron cuenta, con vergüenza y dolor, de su fracaso. Vieron que estaban desnudos, es decir, indefensos ante la naturaleza y ante ellos mismos. Tuvieron que ganar el pan con el sudor de su frente. La tierra les fue hostil. La violencia y la muerte tocaron lo más profundo de sus afectos. Esta historia se repite en la humanidad.

Los auténticos pobres en el espíritu son los “necesitados de Dios”. Son felices yendo contracorriente del mundo. El mayor ejemplo es María, “la esclava del Señor”. Ella canta en el Magnificat que está feliz y alegre y glorifica al Señor porque aceptó con toda libertad su proyecto y dijo: “Hágase en mí según tu palabra”. A ella le llaman bienaventurada todas las generaciones, en cambio los prepotentes, poderosos, ricos que se sustentan en sí mismos, sobrados de sí mismos, cayeron de sus tronos y fueron despojados de todo, hasta de su lamentable historia y de sus nombres. Los santos han sido felices aún en medio de persecuciones, tribulaciones y pruebas de la vida. Aceptaron ser “inútiles siervos en las manos del Señor y que sólo hicieron lo que tenían que hacer” (Lc 17,10).

“Los pobres de Dios” son humildes y mansos de corazón. Actúan con bondad, cordialidad y serenidad. Como San Francisco de Sales, que siendo de naturaleza violenta, se convirtió en el santo de la dulzura. Atrajo a la Iglesia a miles de personas con su mansedumbre. Decía: “Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”.

La Beata Madre Teresa de Calcuta, pronto santa, expresa su pobreza cuando consuela y llora con los que sufren. Ahora, ella y los que la siguen, encuentran el consuelo y el reconocimiento ya en esta tierra y después en el cielo. Los perdonadores y los que trabajan por la paz aparecen como débiles ante la gente del mundo, pero son felices porque se han liberado del veneno de la venganza, el odio y el desquite. San Juan Gualberto siendo caballero de espada y lanza, estuvo a punto de vengarse matando al que asesinó a su hermano Hugo. Lo tenía bajo su espada cuando le vino a la mente cómo murió Jesús en la cruz perdonando y orando por los que lo crucificaban. Los limpios de corazón son las personas veraces, auténticas, de una sola palabra, que no tienen doblez, que tienen el corazón lleno de amor puro. Como Santa María Goretti, mártir de la pureza.

La última de las ocho bienaventuranzas, que cita San Mateo, es actual como todas las demás. “Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos”. “Los pobres de Dios” viven con serenidad y confianza esta realidad porque se apoyan en la fortaleza de Dios. Saben que ni un solo cabello de sus cabezas caerá sin que Él lo permita. Saben que la perseverancia en el bien siempre vence al mal (Lc 21, 18-19).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).