La canonización de la Madre Teresa de Calcuta en el Jubileo de la Misericordia

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano         El próximo 4 de Septiembre, en el contexto del Jubileo extraordinario de la Misericordia, el Papa Francisco canonizará a la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad. Es muy significativo este hecho, ya el Papa nos propone el ejemplo de esta Santa mujer que supo acoger en su vida el don de la misericordia de Dios, para llevarla de manera activa a la vida de los demás, especialmente a los más pobres de entre los pobres.

Toda la Iglesia se alegra en sus santos. Os tengo que confesar que yo lo hago de un modo especial por la mucha devoción que desde siempre he tenido a Madre Teresa. La conocí en 1994 en Roma, el 8 de octubre. Era entonces seminarista y mi obispo me envió a la ciudad eterna a completar mis estudios. Madre Teresa acudió como invitada al Congreso que se realizaba con motivo del I Encuentro Mundial de las familias convocado por San Juan Pablo II. Recuerdo que pasó acompañada con otra Misionera de la Caridad por el pasillo que conduce al Aula Magna de la Universidad Lateranense. Iba a disertar sobre la importancia de la familia cristiana para la sociedad. Al encontrarme con ella me dio una pequeña tarjetita mecanografiada en la que se leía una de sus oraciones más conocidas. El comienzo de su intervención será difícil de olvidar. Con aquella mano delgada, huesuda, blandiendo en ella el Rosario dijo una frase archiconocida pero que llenó de gratitud al auditorio que prorrumpió en un sonoro y dilatado aplauso: “la familia que reza unida, permanece unida”. Desde el tiempo del seminario, siempre me había cautivado la vida y la obra de Madre Teresa. Era una mujer conocida y reconocida. En 1979 había recibido el premio Nobel de la paz.

Después de su muerte y con la publicación de algunos escritos suyos tuvimos la oportunidad de profundizar en su mensaje. Madre Teresa entiende que su vocación es saciar la sed de Dios. De un Dios que no tiene mejor forma de expresar su deseo de ser amado que con la expresión “tengo sed”. Es más profundo que un mero “te quiero” o incluso un “te deseo”. Es como decir: “sin ti no puedo vivir”, “sin tu amor, sin tu compañía, sin tu consuelo, muero de necesidad”. Así, al menos, lo interpreta esta joven religiosa. Dios nos ama hasta el punto de no saber vivir sin nosotros. Por ello, su Hijo se encarna en el seno de María y toma la condición del hombre; por ello, su vida culmina con la entrega más absoluta que el hombre puede hacer: dando su vida en rescate por la nuestra. Y puesto que no es la sed de un hombre cualquiera sino que es la sed del Hombre-Dios, de Aquél que ha unido en su persona la naturaleza divina y la humana, esa sed es infinita, como es infinito su amor, su deseo de entrega, su decisión de salvar al hombre.

El corazón de Madre Teresa se siente cautivado por la experiencia de un amor que se ha ido acrecentando de manera paulatina. El sentimiento que surge en el corazón de la Beata de Calcuta ante la experiencia de la pasión de Cristo, le lleva a no soportar el dolor del amado crucificado y a querer paliar en la medida de sus fuerzas esos sufrimientos. La sed de Cristo que suscita su conocido “yo te saciaré”, en el fondo es expresión de una experiencia interior de amor que se concreta en su historia personal y en la historia de las personas a las que sirve, llevándola a una identificación prodigiosa entre Cristo que sufre y los pobres.

Pero ¿cómo saciar la sed de Dios? En el corazón de Madre Teresa toman fuerza las palabras de Jesús: “a mí me lo hicisteis”. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis, era forastero…” (Mt 25, 31 – 40). Sí, Madre Teresa descubre que el modo concreto que ella va a tener para saciar la sed del Señor es saciar la sed de los pobres. Por ello el cuarto voto que realizan las Misioneras de la Caridad, es lo que define con más precisión la espiritualidad de saciar la sed de Dios. Si Cristo está presente en los pobres, hasta el punto de identificarse con ellos, el modo más inmediato de saciar la sed de Cristo que padece, es unirse al sufrimiento de quienes no tienen nada y ser para ellos presencia, caricia y misericordia de Dios.

Os invito a conocer su persona, su obra y su pensamiento. Puede ser una excelente guía en este tramo final del Año de la Misericordia. La diócesis ha organizado, como ya sabéis, una peregrinación para asistir a la canonización en Roma. Puede ser un magnifico colofón para este Año de la Misericordia.

+ Carlos Escribano

Obispo administrador diocesano de Teruel y Albarracín
Obispo electo de Calahorra, La Calzada – Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.