“Misericordia y Justicia”

jimenezzamoravicenteMons. Vicente Jiménez            Queridos diocesanos:

Celebrar el Jubileo de la Misericordia es poner de nuevo en el centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades lo específico de la vida cristiana, es decir, Jesucristo, el rostro de Dios misericordioso. Un año para vivir la misericordia personalmente y también para la necesaria renovación de las instituciones y las estructuras de la Iglesia.

En esta carta pastoral me voy a fijar brevemente en la relación entre misericordia y justicia.De Dios decimos que es misericordioso y justo: dos atributos claves, para muchos, quizácontradictorios, y ambos, no obstante, son consecuencia y fruto del amor, en los que está en juego la comprensión de Dios y del hombre.

Misericordia

La misericordia es un tema central para comprender a Dios y, en consecuencia, para comprender lo humano. Y así nos lo han recordado, por ejemplo, los últimos Papas: Juan Pablo II, con su encíclica Dives in misericordia; Benedicto XVI, con su encíclica Deus caritas est, y el propio Papa Francisco con este Año jubilar con la Bula Misericordiae Vultus.

Misericordia y justicia no son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor. En la Biblia, muchas veces se hace referencia a la justicia divina y a Dios como juez. Esta visión, sin embargo, ha conducido no pocas veces a caer en el legalismo, falsificando su sentido originario y oscureciendo el profundo valor que la justicia tiene. Para superar la perspectiva legalista, sería necesario recordar que en la Sagrada Escritura la justicia es concebida esencialmente como un abandonarse confiado en la voluntad y en el amor de Dios.

La misericordia no es contraria a la justicia, sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer.

Injusticia y pecado

No obstante, Dios no puede permanecer indiferente ante la injustica y el pecado. Está en juego la gravedad y seriedad de su amor. Un Dios que no se tomase en serio el pecado, no se tomaría en serio la libertad del hombre, y, difícilmente, podría ser cauce de verdadero gozo y felicidad.

El mensaje de la misericordia de la que estamos hablando, no es el mensaje de una gracia barata. La gracia, dice D. Bonhoeffer, es cara, porque llama al seguimiento de Jesucristo, porque le cuesta la vida, porque condena el pecado, porque justifica al pecador, porque le ha costado cara a Dios al costarle la vida de su Hijo (cfr. D. Bonhoeffer, El precio de la gracia. El seguimiento. Salamanca 2004).

No podemos cruzarnos de brazos. El reino de Dios es vida afirmada y reclamada. Dios espera de nosotros que llevemos a cabo las obras de la justicia. Pero no en la lógica sin más de la justicia humana y social, sino en la lógica del amor, que siempre es recuerdo más exigente que la justicia y que lo mandado.

La misericordia es la plenitud de la justicia

La misericordia es la plenitud de la justicia.  El Papa Francisco nos ha invitado en este Año Jubilar a retomar las obras de misericordia (cfr. Mt, 25, 31 -46), que no brotan, sin más, de la llamada justicia social, sino que han de entenderse desde el Evangelio de Jesús, desde la Encarnación, desde la Cristología (cfr. Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte, 49). La presencia de Cristo en los pobres.

En definitiva, la justicia de Dios se corresponde con su fidelidad y su amor. Es la expresión de su amor en favor de su pueblo y de la humanidad. En su compromiso nos abraza e implica a todos. Por eso nada hemos de temer, porque Dios es siempre fiel y misericordioso.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.