Felices

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar            Siempre nos hace bien leer las bienaventuranzas. Jesús las proclamó en su primera gran predicación a orillas del lago de Galilea.

Había un gentío tan grande que subió a  un monte para enseñar al  gentío que le seguía; por eso a esa predicación se la llama “el sermón de la montaña”.

Jesús en las bienaventuranzas enseña el camino de la vida, el camino que Él mismo recorre, es más, Él mismo es y se propone como camino para la verdadera felicidad.

Toda su vida, desde el nacimiento en Belén, hasta su muerte en la cruz y su resurrección Jesús encarnó en su vida las bienaventuranzas.

Al proclamar las Bienaventuranzas, Jesús nos invita a seguirle, a recorrer, con Él, el camino del amor, el único que lleva a la vida eterna. No es un camino fácil, pero el Señor nos asegura su gracia y nunca nos deja solos. Pobreza, aflicción, humillaciones, lucha por la justicia, cansancios en la lucha por la santidad, persecuciones y otros desafíos están formando parte de nuestra vida. Si abrimos las puertas a Jesús, si permitimos que Él esté en nuestra vida, si compartimos con Él las alegrías y los sufrimientos, experimentaremos la paz y la alegría que solo Dios, amor infinito puede dar.

Las Bienaventuranzas de Jesús son portadoras de una novedad revolucionaria, de un modelo de felicidad opuesto al que habitualmente nos comunican los medios de comunicación y la opinión dominante.

Para la mentalidad mundana es un escándalo que Dios haya venido para hacerse uno de nosotros y que haya muerto en una cruz. En la lógica del mundo, los que Jesús llama bienaventurados, son considerados perdedores y, frente a ellos, el mundo exalta el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás.

Son dos caminos distintos, e incluso opuestos, el que nos ofrece Jesús y el que nos ofrece el mundo; y nosotros tenemos que decidir qué camino queremos recorrer en nuestra vida para llegar a la verdadera alegría. Jesús no tuvo miedo en plantear y preguntarle a sus discípulos si querían seguirle a él o preferían marcharse (Cf Jn 6,67), y fue Pedro quien le contestó: «Señor a dónde vamos a ir, solo tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). Si sabemos decir sí a Jesús, entonces nuestra vida se llenará de significado y será fecunda.

El Valor de ser felices:

Bienaventurados quiere decir “felices”. Nosotros hoy tenemos que preguntarnos si buscamos la verdadera felicidad, porque ante tantas apariencias de felicidad podemos correr el riesgo de contentarnos con poco y no aspirar a cosas grandes. Nos podemos quedar en la apariencia de una felicidad de una hora por la bebida, o la droga o el sexo.

Solamente cuando dejamos que en nuestra vida salgan a flote las aspiraciones más profundas del corazón, entonces nos daremos cuenta que tenemos un deseo inextinguible de felicidad, lo cual nos permite desenmascarar y rechazar esas ofertas de felicidad a corto plazo y a bajo precio, que encontramos en nuestro ambiente social.

Cuando buscamos el éxito, el placer, el poseer de modo egoísta y los convertimos en ídolos a los que adoramos, podemos experimentar momentos de embriaguez, un falso sentimiento de satisfacción, pero al final nos hacemos esclavos, nunca nos sentiremos satisfechos y sentiremos la necesidad de buscar cada vez más.

Seremos realmente fuertes y felices cuando escojamos a Jesús y no nos atiborremos de otras cosas; si nos atrevemos a ir contracorriente; si somos capaces de buscar la verdadera felicidad; si somos capaces de decir no a la cultura de lo provisional, de la superficialidad y del usar y tirar, y optamos por asumir responsabilidades y afrontar grandes desafíos en la vida.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.