Queremos ser felices

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez        Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”. Esta famosa frase de San Agustín manifiesta que el ser humano tiene ansias de infinito, que está en tensión buscando la felicidad. Percibe que sólo en la plenitud de Dios encontrará la felicidad plena. Este desasosiego lo ha puesto Dios inscrito en nuestros corazones. La experiencia de San Agustín, que buscó la felicidad en todos los placeres mundanos pensando que la encontraría, nos sirve de lección.

Lo dice San Agustín en una de las oraciones más hermosas de su libro de las Confesiones. Vale la pena pararse a meditarla: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y me abrasé en tu paz” (Conf. 10,20.29).

Mientras tanto Jesucristo nos enseñó cómo encontrar en la tierra un atisbo de felicidad. Es el camino de las bienaventuranzas que nos anuncian la plena felicidad a la que Dios nos llama en el Reino de los cielos. Son una síntesis de las enseñanzas de Jesús que dibujan los rasgos fundamentales del cristiano. Nos llena de optimismo y gozo cuando nos dice: “¡Sed felices!”

Todo el mundo promete en su propaganda la felicidad. El hombre va probando de todo. Pero al final se queda con un vacío, una amargura, una insatisfacción y una sensación de engaño. Hay muchos libros que quieren enseñar cómo ser felices, cómo superar las frustraciones, las depresiones, cómo salir de los duelos, cómo conocer y dominar las causas de la infelicidad. Pero nada ni nadie consigue saciar en este mundo la sed de felicidad. El hombre va teniendo sólo retazos de felicidad, que son anuncios de otra vida plenamente feliz.

Jesús anuncia la felicidad para un “resto”, un grupo que quiere gustar ya en la tierra un poco de cielo. Son los pobres, los humildes, los que cumplen los mandamientos, los que saben sufrir y consolar, los que trabajan por la paz y la justicia, los que tienen el alma y los ojos limpios, los que confían en el Señor. La felicidad no la da la categoría social, las riquezas, el poder, los placeres mundanos, como algunos piensan y después se sienten defraudados y tristes.
Los verdaderos sabios (=que saborean la vida) son los cristianos que, luchando contra la corriente del mundo son felices. Han escogido la vida de “los pobres de Dios” (“los anawim”), los necesitados de Dios. María es el prototipo que encabeza este grupo que anuncia con ella: “Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” (Lc 1, 46-48).

Estos “pobres en el espíritu” son felices porque no tienen el corazón apegado a las riquezas, ni confían en la fuerza, ni en los poderes de este mundo. En su corazón han hecho la opción de ser pertenencia de Dios. Pobre es el que necesita de Dios por encima de todo. Necesita rezar. Habla con Dios y le pide y confía en su providencia porque no puede vivir sin Él. Pobre es el que se pone en las manos de Dios para hacer su voluntad. Pobre es el que vive perdonando, trabajando por la paz, llevando una vida limpia. Es un pobre de Dios el que acepta el padecimiento que trae la vida sea por el hambre, las lágrimas o el rechazo y la persecución. Además, a todos estos les pertenece, será para ellos el Reino de los Cielos por siempre.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).