La familia: sobre roca o sobre arena

Mons. Jaume PujolMons. Juame Pujol                 En el primer capítulo de Amoris lætitia, la exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la familia, que comentaré en sucesivas reflexiones, se hace referencia al Salmo 128, que dice, con bellas palabras: «Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Del trabajo de sus manos comerás, serás dichoso, te irá bien. Tu esposa, como parra fecunda en medio de tu casa; tus hijos como brotes de olivo, alrededor de tu mesa» (Sal 128, 1-3).

Desde que el salmista describió esta escena han pasado muchos siglos, pero nos sentimos identificados con ella. ¿Hay algo más emotivo que contemplar el amor en el seno de una familia en la que los padres son el fundamento y los hijos fruto de este amor verdadero?

Es una escena de la vida diaria o, según el ajetreo de la vida moderna, al menos de los fines de semana o de las celebraciones festivas. Compartir la comida, la conversación, las alegrías y las inquietudes… podría ser el cuadro de una familia feliz. Dejándonos llevar por el símil con una casa, según el conocido texto evangélico, podríamos decir que es una casa construida sobre roca en la que una pareja que se ama sigue los caminos del Señor —a veces quizá de modo poco consciente— y está abierta a los hijos, que son su gozo y su corona.

En Amoris lætitia el Papa nos habla de estas familias, en las que un hombre y una mujer deciden libremente su mutua donación y poner su vida en común; pero también nos habla de aquellas construidas sobre arena, no voluntariamente, sino por egoísmo, falta de preparación o por dejarse llevar por modas de la época. Son las que se fundamentan en la cultura del individualismo o de la provisionalidad, que huyen de un compromiso permanente ya de entrada, como si la palabra entrega fuera una exigencia excesiva.

La exhortación apostólica no condena a estas familias, ni a las uniones irregulares, ni a las parejas que viven juntas o a las que dan una importancia excesiva al banquete nupcial, como si fueran las bodas de Camacho, según el relato del Quijote. No es una exhortación condenatoria. Si hay algo nuevo en La alegría del amor es la actitud con que la Iglesia afronta estas realidades. No aplica fríamente criterios generales a casos concretos. Se acerca a ellos desde la proximidad y la misericordia.

Las construcciones sobre arena deben ser reforzadas, no derribadas, comprendidas y apreciadas para poder así ayudarlas.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.