Siete motivos para ir a un Campamento de la Iglesia

Getafe campamento montaña de misericordiaSe acerca el fin de curso y con él las actividades de verano. Los niños, adolescentes y muchos de nuestros jóvenes gozan de dos y hasta tres meses de vacaciones, que es mucho tiempo. ¿Qué hacer con él? No todas las actividades ofrecen lo mismo: los “campamentos urbanos” que muchos ayuntamientos organizan a disposición son muy prácticos, pues permiten tener ocupados a los niños durante varias semanas, estando seguros y entretenidos a bajo coste, mientras los padres ultiman sus días laborales. También están los cursos de idiomas, o los “multiaventura”, que ofertan -a un precio mayor- mejorar la lengua extranjera o disfrutar de los divertidos deportes de riesgo. Pero hay otra opción más completa e interesante. El ocio puede ser una gran escuela de humanidad, y de santidad. Muchas de las parroquias, colegios y asociaciones católicas de nuestra diócesis organizan campamentos de verano, donde se combina diversión, profundización en la fe, maduración personal, crecimiento en virtudes, forja de amistades verdaderas…

Por eso la propuesta de Padre de Todos, la publicación mensual de la diócesis de Getafe, es que no se elija la actividad que más tiempo entretenga a los pequeños, ni la que más aventura les proporcione, sino la que más les haga crecer como personas, como cristianos. Consulten en su Comunidad, y apuesten por ello. Acampar con el Señor es una apuesta segura.

La asociación Llambrión ha organizado en torno a un centenar de campamentos en los últimos 20 años. Desde esa experiencia, su presidente nos da siete razones para ir a un campamento de Iglesia.

J.L.

1. Son campamentos organizados desde nuestras parroquias y participan monitores, sacerdotes y cocineros implicados en la pastoral juvenil durante el resto del año. Así se hace “familia”.

2. Cada persona que colabora con los campamentos, desde los que hacen el montaje, transportan el material y la comida, los monitores, los jefes, sacerdote, religiosas… Lo hacen porque creen que verdaderamente es un bien para los acampados; son todos voluntarios. Y esto se nota.

3. Es un medio ideal para conocer de cerca la Iglesia y los que la formamos, recibiendo testimonio de fe y coherencia de personas de carne y hueso, sencillos, normales y que dedican entre 10 y 15 días de sus vacaciones a entregarse por Dios en el servicio a los demás.

4. Se prepara con mucho trabajo y cariño para que, además de poder conocer más a Dios, tengan actividades divertidas, que les hagan crecer, disfrutar, conocer sus límites, ayudar a los demás.

5. Es una oportunidad para alejarse de la comodidad de su casa, donde todo se les da hecho, alejarse de la tele, los móviles, los ordenadores… Y valorar todo lo que tenemos, conocer otra forma de emplear el tiempo, jugar sin videojuegos, hablar con amigos, cantar, correr, reír…

6. Se aprende también a respetar la naturaleza, caminar por sus sendas, montañas y ríos, observar la Grandeza y la Belleza de la Creación, al mismo tiempo que se conoce el valor del esfuerzo al caminar con una meta y ver que, después de la dureza del camino, ha valido la pena llegar a esa meta, pero, sobre todo, que todo lo vivido en el trayecto era necesario.

7. Se forjan amistades para toda la vida. Las experiencias que se viven de campamento son muy intensas y profundas a la vez, por lo que los lazos que se tejen son fuertes. Acampar hace amigos.

(Diócesis de Getafe – www.llambrion.com. Jaime Serena, presidente de la Asociación Llambrión)

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