«En la Iglesia todo el mundo debe sentirse amado y acogido», afirmó Mons. Iceta en el Seminario de Oviedo

Oviedo F.P._IcetaEste lunes 23 de mayo el Obispo de Bilbao, Mons. Mario Iceta, impartió al clero la última sesión de la formación permanente de este curso, en el Aula Magna del Seminario de Oviedo. Su conferencia llevaba por título “ La evangelización bajo el signo de la misericordia: implicaciones y consecuencias pastorales”.

En su intervención, Mons. Iceta subrayó que “todos estamos necesitados de misericordia. Y sólo cuando la hemos experimentado en la propia carne, entonces podemos ser cauces de misericordia de los demás, no siendo sólo cooperadores, sino testigos y mensajeros. Y es que necesitamos esa misericordia como agua de mayo en una tierra seca”.

El énfasis sobre la misericordia no es propio sólo de nuestros días. “Todos los Papas han subrayado con fuerza este aspecto” –destacó el prelado–. “Porque Dios es compasivo y misericordioso. El amor de Dios se transforma en misericordia, ante la finitud y la limitación del hombre”.

Además, el Obispo de Bilbao, que se basó en la Carta Pastoral conjunta que publicaron los Obispos de Pamplona y Tudela, Bilbao, San Sebastián y Vitoria en la Cuaresma del año 2015, titulada “Misericordia entrañable”, recalcó, entre otros aspectos, la importancia de distinguir entre los conceptos de compasión y misericordia: “Compadecer es padecer con el otro; la misericordia, en cambio, es activa, e incluye la compasión, pero no sólo es eso, sino que además lo abrazo y junto a él intento rescatarle, sacarle de la situación de sufrimiento”.

También, describió la misericordia de Dios como “entrañable”, porque “en ella hay una entraña de madre”, afirmó. “Dios es Padre que ama con entrañas de Madre”, algo que “conviene mucho a la Iglesia, que es madre, y que tiene que ver con esa disposición de ternura, de paciencia, de comprensión, de disposición al perdón”.

Ante la proximidad de la fiesta del Sagrado Corazón –recordó Mons. Iceta–, es importante recordar que Jesús nos amó con un corazón humano, no con un corazón divino; Él es la misericordia hecha carne, que tomó nuestra naturaleza, por lo que conocemos que la misericordia se ha hecho carne”.

“En la Iglesia no estamos sólo llamados a participar y a ser sanados de nuestras miserias –afirmó Mons. Iceta–, sino que también hemos sido enviados. La Iglesia es el hogar de la misericordia, hospital de campaña, el lugar donde se experimenta la radical renovación por el Espíritu Santo”. Y es que “nadie hay desahuciado para Dios”, afirmó el Obispo de Bilbao. “Cuando se dice que Cristo desciende a los infiernos, lo que se quiere destacar es que no hay situación humana incapaz de ser rehecha y restaurada por el Señor. De las cien ovejas que dice la parábola que tiene el Señor, le interesan las 100.  Porque las personas a veces desahuciamos a otras personas, pensando que ya nada se puede hacer de ellas, pero Dios, jamás. Él desciende a todos los infiernos, a todas las oscuridades. Por ello, la Iglesia ha de ser lugar de misericordia, donde todo el mundo debe sentirse amado y acogido, tal y como ha destacado el Papa Francisco”, resaltó.

(Arzobispado de Oviedo)

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