Los políticos (II) Desmitificación

agusti_cortesMons. Agustí Cortés            La política es el arte de ejercer el poder para el bien común y el político es un servidor de ese bien. O sea, la política es un arte y el político es un artista.

A nadie se le oculta la dificultad que entraña ser un buen político. Por ello tributamos admiración y agradecimiento al político que se entrega a ese servicio y lo hace bien.

Sabemos que la fe es una mirada nueva y propia sobre el mundo y la existencia toda. Desde ella dirigimos nuestros ojos a la realidad política concreta. Y notamos inmediatamente que la luz de Jesucristo, proyectada sobre la vida política, produce dos efectos aparentemente contradictorios.

Por un lado, la mirada cristiana permite desmitificar la “solución” política de los problemas humanos, cuando ésta adquiere rasgos mesiánicos, crea ídolos y mitos con poderosa fuerza atractiva. Es un recurso frecuente del discurso político, que busca por todos los medios ganar adeptos: exagerar los efectos beneficiosos del propio proyecto, adornándolos con formas y colores estimulantes, ocultar sus límites, criticar absolutamente los proyectos de los adversarios, hablar solo de las propias virtudes, llenarse la boca de promesas… Es una tentación en la que caen los políticos en la medida en que son más radicales: su lenguaje es absoluto, sin matices, de forma que logran entusiasmar, gracias a la impresión de valentía, claridad y eficacia.

No son raros los testimonios de jóvenes luchadores en el mundo de la política, que, sin dejar de valorar esa lucha, caen en la cuenta de que “esperaban, le pedían demasiado”. A manera de testimonio casi extremo, mencionamos el de Etty Sillesum, que acabó muriendo en el campo de concentración, donde había sido recluida como judía y acusada de luchar contra el régimen dictatorial. Así lo explicaba P. Lebeau, estudioso de su figura:

Etty se da cuenta, en su relación personal con Dios, de que Él es el único Absoluto – el del Amor – que justifica su adhesión incondicional y le previene contra la tentación de “esa adoración que se equivoca de objeto” (según expresión de Marguerite Yourcenar): “Un amor a los seres humanos por el que tendré que batirme. Luchar, no en política o en un partido, sino en mí misma, aunque una falsa vergüenza me retiene aún a la hora de asumir este amor”.

Crear mitos e ídolos, construir “maniqueos”, es decir, enemigos absolutos, pedir, en consecuencia, el voto o llamar a la acción política sistemáticamente “contra esos enemigos”, son síntomas claros de ceguera, error y deformación de la realidad.

La realidad, que esta joven había descubierto de la mano de la fe cristiana, era que

– El único absoluto es el Dios que se ha revelado en Jesucristo como Amor, ante el cual ella, y todo ser humano ha de definirse.

– El único, cuya adoración no es servidumbre, ni esclavitud, ni falseamiento, sino libertad.

– Y que la primera llamada a la lucha es contra el propio egoísmo, en el campo de batalla de la interioridad.

Es una lástima que, estando tan necesitados de gente, especialmente jóvenes, que se entregue limpiamente a la buena política, se tenga que recurrir al lenguaje agresivo, mitificador y maximalista para lograr adhesiones y compromisos verdaderamente transfor-madores. Pero no todo estará perdido mientras podamos vivir una fe que no solo desmitifica, sino que también eleva la acción política a uno de los más altos servicios que el ser humano puede prestar a la sociedad y al mundo.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.