La vida en Cristo

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez           Siguiendo el orden del Catecismo de la Iglesia Católica comenzamos a reflexionar sobre la tercera parte del mismo. Después de tratar sobre el credo (la esencia de nuestra fe) la celebración cristiana (la liturgia) entramos en la vida del cristiano (la moral). Lo que se cree se celebra, lo que se cree y celebra se vive y lo que se cree, celebra y vive se testifica. Este capítulo lleva el sugestivo título: LA VIDA EN CRISTO. Expresa que la moral no es una carga, ni algo negativo, sino vida, es decir, es un camino, aunque exigente, gozoso, que nos lleva a la vida eterna. El catecismo le dedica nada menos que 866 artículos. Es una sección absolutamente práctica. Describe cómo ha de vivir el cristiano en cada paso de su vida.

¿Cómo tiene que seguir a Cristo? Ante todo sintiéndose privilegiado por Dios. Lo dice muy bien San León Magno: “Cristiano, reconoce tu dignidad”. Es decir: vive de acuerdo a lo que eres por la gracia de Dios. Es un honor ser cristiano. Debemos estar orgullosos, satisfechos y agradecidos, no por lo que somos por nosotros mismos, sino por todo lo que Dios ha hecho por nosotros y todo lo que sigue haciendo cuando le somos fieles. Es más nos perdona si somos humildes y le pedimos perdón por nuestros pecados. No hay mayor grandeza y dignidad que ser hijos de Dios. Esto es lo que Dios nos concedió con el bautismo. Derrochó su amor hacia nosotros enviando a su Hijo Jesucristo para salvarnos. ¿Se puede regalar más gracia y mejores bendiciones?

El cristiano quiere responder a tanto amor haciendo, como Jesús, lo que le agrada al Padre (Cfr. Jn 8,29). El listón es alto: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,58). El medio para conseguirlo es Cristo que nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino por mi” (Jn 14,6). Para ello es necesario entrar en comunión con Cristo, estar en sintonía con su estilo de vida, dejarse moldear por Él. El pueblo que sigue a Jesús es un pueblo de “santos” (Cfr. San Pablo 1 Co 1, 2).

En la vida hay que tomar muchas decisiones que son actos morales para nuestra salvación. Siguiendo las enseñanzas de Jesús e inspirados por el Espíritu Santo resultarán acertadas. La secuencia de la fiesta de Pentecostés nos dice en bellos versos cómo actúa el Espíritu Santo en nosotros haciéndonos capaces de agradar al Padre. Es el dulce huésped de nuestras almas, espléndido en sus dones, es fuego, brisa, consuelo, descanso, aliento. Sana el corazón enfermo, lava las manchas del alma, guía, da la gracia y el gozo eterno.

La vida en Cristo, la moral, no es algo negativo. Cristo no anuló la ley mosaica, sino que la completó con el gran mandamiento del amor en el que se concentran todos los mandamientos. La ley de Cristo consiste en la gracia, las bienaventuranzas, las obras de misericordia, las virtudes evangélicas. Son todas actitudes positivas, que expresan un “sí” a lo que Dios quiere. Pero a veces nos apartamos del camino de Jesús y decimos un “no” por nuestro pecado y nuestros vicios. Reconocerlo con sinceridad resulta una actitud positiva de humildad y progreso. Es reconocer nuestra situación de criaturas débiles, puestas a prueba en su imperfección, que necesitan ayuda.

Estamos ante unos artículos del catecismo que nos van a invitar a mirar más a Cristo para conocer mejor su estilo de vida, identificarnos con Él, seguirlo más fielmente y amarlo más. En estas reflexiones sobre los artículos de la tercera parte del catecismo intentaremos repasar temas muy importantes como la salvación y la gracia, la libertad del hombre y el pecado, la dignidad de la persona y la vida social, los mandamientos y la norma evangélica de Cristo.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).