La Iglesia es católica

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco        El domingo de Pentecostés nos recuerda que la Iglesia es católica, es decir, universal. No podía ser de otra manera. Si Cristo es el mediador definitivo entre Dios y los hombres, su Iglesia tiene que estar abierta a todos los pueblos. Por eso, en el relato del libro de los Hechos sobre Pentecostés, san Lucas incluye entre los habitantes de Jerusalén a gentes de los pueblos entonces conocidos para indicar que el Espíritu Santo viene para unir a todos los pueblos en la comunidad fundada por Cristo. Desde entonces hasta hoy se han ido incorporando a la Iglesia pueblos y pueblos que han acogido el evangelio. Se puede decir, sin vano orgullo, que la catolicidad es un signo de la autenticidad de la Iglesia de Cristo. Y viceversa, negar la catolicidad es atentar contra la Iglesia de Cristo.

El autor de esta apertura de la Iglesia a todas las naciones es el Espíritu Santo, que ha sido llamado admirable constructor de la Iglesia. El es el artífice de su unidad en la sinfónica diversidad de pueblos y culturas. Dice san Pablo que todos «hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo». Basta viajar un poco por el mundo para descubrir hasta qué punto es verdad esta afirmación. El Espíritu ha hecho posible que el evangelio se inculturice en los cinco continentes y en sus magníficas y diversas culturas. Es hermoso ver a Cristo pintado con los rasgos étnicos de cada pueblo, escuchar el Evangelio en la lengua de cada uno, como sucedió en Pentecostés. «Cada uno, dice Lucas, les oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua» (Hch 2,11).

Esta expresión tiene un profundo significado. Sin decirlo expresamente, Lucas hace alusión a la confusión de lenguas, que, según el libro del Génesis, tuvo lugar como consecuencia del pecado de los hombres que quisieron alcanzar la morada de Dios construyendo una torre altísima que llegara a los cielos. Dios, según dicho relato, castigó a los hombres confundiendo su lengua para que no se entendieran, y así la torre de Babel, que significa confusión, representa la ruptura de la unidad del género humano que dejó de hablar una lengua común. Es evidente que estamos ante un relato profundamente simbólico.

Pentecostés representa el retorno a la unidad perdida, a la conciencia de que la humanidad es una. Porque el Espíritu de Dios no desapareció de la tierra con la confusión de Babel. Siguió trabajando por la unidad entre los pueblos, y sigue haciéndolo en el corazón de cada hombre. En la entraña de la humanidad dividida, el Espíritu alentaba, inspiraba, promovía la unidad. Era su tarea cotidiana, oculta entre las luchas fratricidas y entre las trágicas rupturas que se sucedían entre los hombres. Hasta que llegó Pentecostés y, como una nueva creación, el fuego divino dio origen a un pueblo unido, sencillo y humilde, pero pueblo, que empezó a congregar a los demás pueblos invitándoles a formar parte de su extraordinaria belleza y novedad. Se rompieron entonces los muros que dividían a los hombres, incluso a Israel del resto de los demás pueblos paganos, y se alumbró la Iglesia. Esta unidad reconquistada por el Espíritu comenzó a hablar una sola lengua: el Evangelio. Todos lo entendían porque era la Palabra misma de Dios, encarnada en su Verbo y difundida por el Espíritu, que lanzó a los apóstoles a la misión universal. El trabajo de siglos, que el Espíritu había realizado trabajosamente desde Babel, se revelaba a todas las naciones y se cumplía la promesa de Jesús: «El que tenga sed que venga a mí y beba». Hablaba del agua del Espíritu que brotaría de su costado como una fuente inagotable de unidad, para que bebiendo de ella, todos formaran el Cuerpo de Cristo.

 

+ César Franco Martínez

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).