La Eucaristía en el centro de la vida cristiana

Ricardo Blazquez Arzobispo ValladolidMons. Ricardo Blázquez           El Congreso Eucarístico Diocesano tendrá lugar los días 21 al 29 de mayo. Hemos fijado la atención teológica, espiritual y pastoral sobre la Eucaristía en tres fases, parroquial, arciprestal y diocesana, que es conclusiva y recapituladora. Nos pareció que debíamos concentrar nuestra mirada cristiana y pastoral en tres actuaciones pastorales: La Catequesis, la Eucaristía y la Caridad. La catequesis, facilitada por los Catecismos recientemente aprobados por la Conferencia Episcopal Española, es como el cimiento de la vida cristiana. La catequesis es un pilar insustituible; no debe difuminarse la transmisión de la fe en algunas palabras que no vehiculen contenidos claros y seguros. Aquí tenemos una tarea urgente y fundamental. Junto a la catequesis está la Eucaristía. Es sin duda motivo de inquietud pastoral el que la iniciación cristiana tenga escasa continuidad en la participación de la Eucaristía dominical. Y como derivación de la catequesis y de la celebración eucarística estamos llamados en coherencia cristiana al ejercicio de la justicia y de la caridad, a las obras de misericordia, al amor fraterno concreto. Tres ámbitos, la Catequesis, la Eucaristía y la Caridad, en que nunca insistiremos demasiado.

La Eucaristía es el sacramente central, donde culmina la iniciación cristiana y a la que somos invitados el día del Señor, el domingo. En tiempos del Concilio se insistió mucho en la renovación de la celebración eucarística, que ha llegado a todos los rincones. Desde hace algunos años se insiste en la adoración eucarística, con la adoración perpetua y otras formas de culto eucarístico; precisamente de la Adoración Nocturna surgió la iniciativa del Congreso Eucarístico Diocesano. Desde hace algún tiempo, quizá por una derivación parcial del Sínodo de los Obispos sobre la familia, se ha situado la atención mediática en la posibilidad de la comunión por parte de los divorciados vueltos a casar. Ciertamente son aspectos, la celebración, la comunión y la adoración que están íntimamente unidos en la Eucaristía.

Todos estos aspectos aparecen en el Congreso Eucarístico Diocesano a cuya participación invito encarecidamente. ¡Qué sea una oportunidad para nuestra renovación como pueblo de la Eucaristía! Basta con leer el programa del Congreso para percatarnos de la riqueza de los temas y de las formas variadas de ser afrontados. Hay reflexiones teológicas, celebraciones, actos de piedad, expresiones culturales. Reavivamos de esta manera la fe, la piedad, el compromiso cristiano caritativo y el impulso misionero de la Eucaristía. Confiamos que la celebración eucarística en el Paseo Recoletos, el domingo 29 por la tarde, sea una manifestación profunda, gozosa y participada diocesanamente. En el corazón de nuestra ciudad latirá el corazón creyente de la Iglesia diocesana. Agradezco vuestra participación.

Cuando estamos cerca de esta celebración diocesana mayor, o como dice la liturgia en esta “estación” de la Iglesia local vallisoletana, permitidme un par de llamadas a la memoria de la fe.

Tanto el Nuevo Testamento como los textos litúrgicos insisten a propósito de la resurrección de Jesucristo y de la Eucaristía en las calificaciones de “verdaderas” o de “verdaderamente”. “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Lc.24,34). “Verdaderamente ha resucitado el Señor”. La resurrección de Jesús no ha sido un espejismo, una sugestión ni una ilusión. La presencia del Resucitado tuvo que vencer la resistencia de los discípulos que no eran proclives a creer la promesa de la resurrección. Es un acontecimiento efectivamente ocurrido que iluminó las palabras y los hechos anteriores de la vida de Jesús, convirtió definitivamente a los discípulos, los envió capacitados por el Espíritu Santo para dar testimonio del Crucificado que ha resucitado, y de esta forma comenzó la Iglesia su camino por la historia. Sin la resurrección de Cristo sería vana nuestra fe (cf.1Cor. 15,14).

Sobre la Eucaristía leemos: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Jn.6,55). Jesús en la Eucaristía es el verdadero pan del cielo, no como el pan multiplicado milagrosamente (cf. Jn. 6,1ss) o como el maná del desierto. Jesús está real y verdaderamente presente en las especies consagradas del pan y el vino; “¡Dios está aquí! Venid, adoradores”. Nos postramos ante el Señor presente sacramentalmente en el sagrario y en la custodia para la exposición del Santísimo en el interior de las iglesias y para la procesión. El Señor presente en la Eucaristía es alimento verdadero, es decir, no es un símbolo sino el mismo Señor; y es la plenitud sacramental del alimento de la vida eterna (cf. Jn. 6,58). En el Pan eucarístico se cumplen las características del alimento auténtico, ya que no sólo sostiene temporalmente la vida, sino que da la vida para siempre. Con el cuerpo y con el alma nos postramos ante el Señor; con respeto y gratitud comulgamos, nos acercamos a la mesa del Señor, recibimos su cuerpo y su sangre.

El Concilio Vaticano II ha situado la presencia eucarística en el marco de otras formas de presencia del Señor en la Iglesia. Él ha prometido su presencia donde dos o tres están reunidos en su nombre (Mt. 18,20); y Él, que es el Enmanuel (Dios-con-nosotros) (cf. Mt. 1,23), está presente en medio de sus discípulos hasta el final de los tiempos (Mt. 28,20). Estas son las palabras del Concilio: «Cristo está presente siempre en su Iglesia, principalmente en las acciones litúrgicas. Está presente en el sacrificio de la Misa, no sólo en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por el ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz” sino también, sobre todo, bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues es Él mismo el que habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura» (Sacrosanctum Concilium 7).

Saludo cordialmente a todos e invito a la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que este año celebraremos con mayor solemnidad e intensidad.

+ Ricardo Blázquez

Cardenal Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)