Oviedo: el nuevo directorio diocesano de Catequesis apuesta por un estilo más misionero, más evangelizador

Oviedo Catequesis_2La diócesis de Oviedo cuenta –censados y registrados– con 2.005 catequistas. Es decir, más de 2.000 personas están comprometidas con la enseñanza y el acompañamiento de niños y jóvenes, mayoritariamente, en su proceso de iniciación en la fe. El perfil de las personas que realizan este servicio en la Iglesia es muy variado, pero son preferentemente mujeres mayores de 40 años, sin olvidar a un grupo nada desdeñable que tiene entre 20 y 40 años.

Desde la Delegación de Catequesis, en la persona de su responsable, el sacerdote Juan José Llamedo, se explica que un catequista, “tal y como lo ha descrito el Papa Francisco y también San Juan Pablo II, es un testigo que mantiene delante de las personas que se le confían la presencia viva de Jesucristo y de su acción salvadora”.

Los catequistas no son maestros, ni tampoco son meros transmisores de conocimientos. Son mucho más: un “acompañante de la vida cristiana, en nombre de la comunidad, para servir a esa comunidad y para que las personas a las que acompaña se encuentren con Jesucristo y se integren en sus parroquias”.

Además de un perfil variado, aunque predominantemente adulto, los catequistas en la diócesis tienen en común la sensibilidad hacia la formación. Tanto doctrinal, como pedagógica y espiritual, para poder desarrollar su tarea en las mejores condiciones.

“En Asturias hay varios caminos para realizar esa formación”, señala el responsable diocesano de Catequesis: “Por un lado está el hasta ahora conocido como Cediset y que ahora se ha transformado en el Instituto de Teología Pastoral Juan Pablo II, que tiene una estructura pensada precisamente para la formación de laicos y específicamente catequistas, y luego en las parroquias suele haber con frecuencia distintas propuestas”.

La realidad social y los cambios que se suceden, que han hecho de nuestra época algo muy diferente a lo que se ha vivido hasta ahora en materia de fe, y de secularización, ha causado que en toda España los modelos de catequesis se estén repensando y replanteando para adaptarse mejor a las nuevas circunstancias.

Desde los años 50 se desarrolla un modelo de catequesis que sigue el modelo escolar, con elementos pedagógicos similares a los escolares, tanto en la periodicidad (un día a la semana, por lo general), como en la manera de impartirse.

Sin embargo, las personas que se encuentran más cercanas a estas realidades, son conscientes de que es necesario introducir cambios. “Ha llegado un momento en el cual se ha roto la cadena de transmisión normal de la fe, que era la familia, en primer lugar, y después en la escuela”, señala Llamedo. “Pero la secularización de la sociedad ha dado como resultado que ni la familia ni la escuela sean hoy lugares donde se transmite ni se acompaña en la fe, y eso tiene una importante repercusión: las parroquias imparten catequesis para preparar hacia los sacramentos, pero al final resulta insuficiente, porque falta un primer anuncio, una primera propuesta de Jesucristo. Ahora ya no podemos dar por hecho que un niño viene de casa con una formación básica. Y cuando el cimiento no está bien puesto, por mucho que se quiera construir, uno se encuentra que en la mayoría de las parroquias, una vez que ha llegado el momento del sacramento, los niños o los jóvenes desaparecen. El sacramento se ha convertido en un fin en sí mismo.

¿Hemos creado cristianos? ¿Se ha renovado la comunidad cristiana? La respuesta está siendo que no”.
Ante estos cambios, la Iglesia señala desde hace años que es necesario recuperar el estilo catecumenal, es decir, el estilo del proceso, del acompañamiento donde la Iglesia está al lado de las personas que se incorporan a la vida cristiana de una manera progresiva, no tanto de forma escolar, sino vivencial.

En muchas diócesis se han creado directorios de catequesis respondiendo a estas novedades que la Iglesia pide, y así ha sucedido recientemente en la diócesis de Oviedo, donde el nuevo directorio diocesano de Catequesis apuesta por un estilo más misionero, más evangelizador y menos burocrático, en el que los sacramentos no son fines en sí mismos, sino parte de un proceso creyente. “Cambiar este chip es muy complicado y lento, pero es necesario hacerlo”.

Algunas de las nuevas propuestas que ya están viviendo en la diócesis asturiana son, por ejemplo, el “Proyecto Emaús”, una forma distinta de trabajar con niños y jóvenes, con un acompañamiento continuado desde los 0 hasta los 14 años. La experiencia está ya implantada en unas 26 parroquias de la diócesis.

Otra novedad especialmente interesante es la del Catecumenado de Familias, donde aprovechando la catequesis de los hijos, los padres participan del proceso. Adriano Cadrecha y Susana Valdés, de la parroquia de San Esteban del Mar, en Gijón, es un matrimonio profundamente implicado en este proceso. Hasta el momento, tan sólo está presente en los arciprestazgos de Gijón y de Oviedo, y comprende a 15 y a 17 familias respectivamente, pero ya hay peticiones de otras parroquias y otros arciprestazgos para poder desarrollarlos allí. “Se trata de algo novedoso –explica Adriano–  El catecumenado de familias es una dinámica donde nos reunimos todos, padres e hijos, una vez al mes. Consiste en el desarrollo de dos talleres, uno para padres, otro para niños, y finalizamos con una celebración en común y una merienda. Los padres acompañan a los niños, y en definitiva, además de acompañar en este despertar a la fe de los niños, queremos que los padres sean conscientes de que la fe viene a dar plenitud a lo humano. Y todo ello lo hacemos con dinámicas sencillas, entretenidas, actuales, y los padres están muy contentos”, señala.

Finalmente, el reto más importante que la Delegación de Catequesis y sus colaboradores tienen por delante, es el Catecumenado de Adultos, una necesidad que se vió clara a lo largo de la última celebración del Día del Catequista, el pasado 23 de abril en el colegio Santo Ángel de Avilés.
Allí, el responsable del catecumenado de Adultos de León, Juan Ignacio Sánchez Pérez, expuso su experiencia, basada en una realidad que en la diócesis es cada vez más habitual: que adultos sin bautizar se acercan a la Iglesia, y su catecumenado exige un acompañamiento determinado que en el caso concreto de nuestra diócesis aún hay que implantar. Una oportunidad, además, para ser consciente de que el mensaje cristiano es para todo hombre y mujer de cualquier edad y condición.

(Arzobispado de Oviedo)

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