Nuevos reclutas de la Guardia Suiza juran fidelidad al Santo Padre

OSSROM121643_LancioGrande (1)«Fidelidad, lealtad y honor al Sumo Pontífice Francisco y a sus legítimos sucesores”. Ante cardenales, miembros de la curia y familiares, 23 nuevos guardias suizos juraron su fidelidad al Papa durante la ceremonia que se llevó a cabo el pasado viernes 6 de mayo en el Vaticano, como cada 6 de mayo, fecha aniversario del saqueo de Roma de 1527 donde murieron 147 soldados helvéticos defendiendo al Papa Clemente VII.

Juro servir con fidelidad, lealtad y honor al Sumo Pontífice Francisco y a sus legítimos sucesores, y entregar a ellos todas mis fuerzas, sacrificando incluso, si es necesario, mi propia vida para defenderlos. Asumo el mismo compromiso con el Sacro Colegio Cardenalicio en el caso de que la Sede esté vacante. Prometo además respeto, fidelidad y obediencia al Capitán Comandante y a mis superiores. ¡Lo Juro! ¡Que Dios y nuestros Santos Patronos me ayuden!

Fueron las palabras que pronunciaron los nuevos reclutas, uno a uno, tras escuchar su nombre ante la bandera de la Guardia Suiza. Con la mano izquierda sobre el emblema y la derecha levantada mostrando tres dedos, en señal de su fe en la Santísima Trinidad.

El cardenal Pietro Parolin, durante la misa que se celebró en la Basílica Vaticana el viernes por la mañana les pidió que fueran testigos de Cristo, “en medio de los jóvenes como vosotros, que están hambrientos de sentido y de plenitud, para que podáis decirles que vale la pena proponerse cosas grandes y hermosas”. El Secretario de Estado les exhortó a testimoniar con fidelidad en el servicio cotidiano por el Santo Padre.

La Guardia Suiza Pontificia efectúa, además de los servicios de seguridad (control de las entradas, salvaguardia de las personas) los servicios de honor (audiencias, recepciones, misas), pero la misión principal del Cuerpo es vigilar constantemente la seguridad del Santo Padre y de sus residencia. Entre sus tareas complementarias se encuentran la de acompañar al Santo Padre en sus viajes y la de proteger al Colegio Cardenalicio cuando la Sede Apostólica está vacante.

El Papa a los Guardias Suizos

“Es bello ver a jóvenes, como ustedes, que dedican algunos años de su vida a la Iglesia, particularmente al Sucesor de Pedro: es una ocasión única para crecer en la fe, para experimentar la universalidad de la Iglesia, para hacer una experiencia de fraternidad”, con estas palabras el Papa Francisco animó a los miembros de la Guardia suiza Pontificia, a quienes recibió en audiencia en la Sala Clementina del Vaticano.

En su discurso, el Santo Padre expresó su aprecio y gratitud a la guardia pontificia, por el servicio, disponibilidad y fidelidad a la Santa Sede. Así mismo, el Sucesor de Pedro los invitó a seguir creciendo en la fe, estar en Roma, dijo el Papa, “es una oportunidad para profundizar la amistad con Jesús y caminar hacia la meta de toda verdadera vida cristiana: la santidad. Por eso, los invito, agregó el Pontífice, a alimentar su espíritu con la oración y la escucha de la Palabra de Dios; a participar con devoción en la Santa Misa y a cultivar una filial devoción a la Virgen María”.

El servicio que prestan en la sede del Obispo de Roma es la encrucijada de peregrinos que provienen de todo el mundo, afirmó el Vicario de Cristo, es aquí donde se puede tocar de cerca la maternidad de la Iglesia que acoge en sí, en la propia unidad, la diversidad de tantos pueblos unidos en la fe en Jesucristo, señaló el Papa, “les hará bien descubrir su testimonio cristiano y ofrecer, al mismo tiempo, un sereno y gozoso testimonio evangélico”. Todo ello, sin olvidar la fraternidad subrayó el Pontífice, “también esto es importante: ser atentos los unos con los otros, para sostenerse en el trabajo cotidiano y para enriquecerse recíprocamente, acordándose siempre que: la felicidad está más en dar que en recibir”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco, los invitó a “vivir intensamente sus  jornadas, firmes en la fe y generosos en la caridad hacia las personas que encuentran”. Para ello, invocó la materna protección de nuestra Madre María y de sus Patronos, san Martin y san Sebastián.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Discurso del Papa Francisco

Ayer fue su fiesta y estoy contento de encontrarlos y de festejar con ustedes, también para expresar mi aprecio y mi gratitud por su servicio, su disponibilidad y su fidelidad a la Santa Sede. Dirijo un particular saludo a los Reclutas y a sus familiares, como también a los Representantes de las Autoridades suizas aquí presentes. Es bello ver a jóvenes, como ustedes, que dedican algunos años de su vida a la Iglesia, particularmente al Sucesor de Pedro: es una ocasión única para crecer en la fe, para experimentar la universalidad de la Iglesia, para hacer una experiencia de fraternidad.

Crecer en la fe. Están llamados a vivir su trabajo como una misión que el Señor mismo les confía; a tomar el tiempo que transcurrirán aquí en Roma, en el corazón de la cristiandad, como oportunidad para profundizar la amistad con Jesús y caminar hacia la meta de toda verdadera vida cristiana: la santidad. Por eso, los invito a alimentar su espíritu con la oración y la escucha de la Palabra de Dios; a participar con devoción en la Santa Misa y a cultivar una filial devoción a la Virgen María, y así realizar su peculiar misión, trabajando cada día “acriter et fideliter”, con valentía y fidelidad.

Experimentar la universalidad de la Iglesia. Las tumbas de los Apóstoles y la sede del Obispo de Roma son la encrucijada de peregrinos que provienen de todo el mundo. Ustedes tienen así la posibilidad de tocar de cerca la maternidad de la Iglesia que acoge en sí, en la propia unidad, la diversidad de tantos pueblos. Pueden encontrar personas de diversas lenguas, tradiciones y culturas, pero que se sienten hermanos porque están unidos en la fe en Jesucristo. Les hará bien descubrir su testimonio cristiano y ofrecer, al mismo tiempo, un sereno y gozoso testimonio evangélico.

Hacer  experiencia de fraternidad. También esto es importante: ser atentos los unos con los otros, para sostenerse en el trabajo cotidiano y para enriquecerse recíprocamente, acordándose siempre que «La felicidad está más en dar que en recibir» (Hech 20,35). Sepan valorizar la vida comunitaria, el compartir de los momentos buenos y aquellos más difíciles, dando atención a quien entre ustedes se encuentra en dificultad y a veces tiene necesidad de una sonrisa y de un gesto de estímulo y de amistad. Asumiendo esta actitud, serán favorecidos también en el enfrentar con diligencia y perseverancia las pequeñas y las grandes tareas del servicio cotidiano, testimoniando gentileza y espíritu de acogida, altruismo y humanidad hacia todos.

Queridos Guardias, les deseo vivir intensamente sus  jornadas, firmes en la fe y generosos en la caridad hacia las personas que encuentran. Les ayude  nuestra Madre María, que honramos de forma especial en el mes de mayo, a experimentar cada día más aquella comunión profunda con Dios, que para nosotros creyentes inicia en la tierra y será plena en el cielo. De hecho estamos llamados, como recuerda san Pablo, a ser «conciudadanos  de los santos y familiares de Dios» (Ef 2,19). Los confío, a ustedes, a sus familias, a sus  amigos y todos los que, con ocasión del juramento, han venido a Roma, a la intercesión de la Virgen, de sus Patronos,  san Martin y san Sebastián. Y les pido por favor rezar por mí, y de corazón les imparto la Bendición Apostólica.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera – Renato Martinez, Radio Vaticano)

(MZ-RV)

Agencia SIC
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