La “alegría del amor” en el año de la misericordia

IcetaMons. Mario Iceta              Aita Santuaren oparia izan da `Amoris laetitia´

Continuamos celebrando con gozo este tiempo de Pascua en el año de la misericordia. Agradecemos al Papa el regalo que nos ha hecho en la exhortación postsinodal “Amoris laetitia”. Su lectura, reflexión y recepción nos ayudará a renovar profundamente la pastoral familiar. El mes de mayo tradicionalmente está dedicado a vivir con mayor intensidad nuestra devoción filial a la Virgen María. En la antigua oración mariana que conocemos como la Salve, le llamamos precisamente Reina y Madre de misericordia. Jesús es la misericordia encarnada y María es Madre de esta misericordia. También le invocamos como Reina, ya que la realeza le viene a María por ser Madre del Señor, cuyo Reino no es de este mundo, sino que es un reino de santidad y gracia, reino de amor y misericordia, reino de vida y paz. El Señor nos dio a María como Madre nuestra en la persona de Juan a los pies de la cruz. Profundicemos y anclemos en nuestro corazón esta realidad que nos llena de paz y confianza.

Lehen Jaunartzeen sasoi aberatsa

También el tiempo de mayo es ocasión para que muchos niños reciban por vez primera el Sacramento de la Eucaristía. En Él se nos da el Pan de vida que sostiene nuestro camino. El regalo verdadero que reciben ese día es a Jesús mismo como amigo para siempre, que nunca falla y siempre sale al encuentro, acompaña, alienta y consuela. La continuidad de quienes realizan la primera Comunión en la asistencia a catequesis y a la Eucaristía dominical en los años sucesivos sigue siendo un reto fundamental en el desempeño de la iniciación cristiana. Debemos ayudar a los padres y familias a tomar conciencia de la importancia de un progresivo y constante proceso de iniciación en el que ellos son actores principales, como nos recuerda el Papa en su reciente exhortación “Amoris laetitia”. Así mismo, el acompañamiento a los hijos es ocasión para renovar y profundizar la propia fe y experiencia cristiana, de modo que podamos responder adecuadamente los desafíos y dificultades que encontramos en el camino cotidiano.

Gaixoen Pazkoa

En el año de la misericordia, la celebración de la Pascua del enfermo adquiere un significado particular. En la última carta pastoral, los obispos del País Vasco y Navarra identificábamos el mundo del dolor, del sufrimiento y de la enfermedad como uno de los ámbitos necesitados de especial cuidado y donde debemos intensificar nuestra presencia con las actitudes de amor y servicio con las que Jesús se acercaba a los enfermos. “Somos invitados a examinar la atención que prestamos a las personas enfermas y también a las personas ancianas, que en muchos casos padecen soledad, y a los que frecuentemente se asocia un progresivo deterioro psicológico que les sumerge en un estado de abandono y olvido. Examinemos la calidad de nuestra atención a los enfermos, tanto en sus domicilios como en los centros sanitarios, la colaboración que podemos prestar a sus familias y cuidadores, su presencia en la comunidad cristiana, su atención espiritual y, en la medida en que sea necesario, la colaboración para que su integración en la vida familiar y social sea lo más rápida y satisfactoria posible” (Misericordia entrañable, 63).

Topaketearen kulturaren alde lanean

Con la solemnidad de Pentecostés concluiremos el tiempo Pascual. El don del Espíritu Santo es el don de la Pascua por excelencia. “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como de un viento recio resonó en toda la casa donde se encontraban, y vieron aparecer unas lenguas como de fuego que se repartían posándose sobre cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch 2, 1-4). El Espíritu es la Persona amor, que comunica la vida nueva del resucitado y que obra la misericordia de Dios directamente en nuestros corazones. Acojamos con agradecimiento este don que viene de lo alto. Y este Espíritu es el que obra en nosotros la llamada y la respuesta al envío que Jesús nos hace. Con Él podemos decir con verdad que “nos apremia el amor de Cristo” (2Cor 5, 14). Dios nos llama a ser “personas cántaro” capaces de portar el agua viva a tantos sedientos con auténtico entusiasmo misionero (cfr. EG 81). (cfr. Misericordia entrañable, 35). Por eso también el día de Pentecostés celebramos la jornada del Apostolado seglar y de la Acción Católica. Como comunidad de bautizados somos enviados personal y comunitariamente a anunciar y obrar la misericordia de Dios para con todos, más allá de cualquier frontera. “La cultura del encuentro es una dimensión característica de la comunidad eclesial, así como una disposición necesaria para el envío y el anuncio, para testimoniar en todos los ambientes la misericordia de Dios (cfr. Misericordia entrañable, 34).

Que María os acompañe a vivir intensamente esta última etapa del tiempo de Pascua. Que la alegría de Cristo resucitado y los dones del Espíritu Santo abunden en vuestros corazones. Con afecto fraterno.

 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 71 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.