Fiesta de San José Obrero: la Iglesia por el trabajo decente

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano         Comienza el Mes de Mayo, mes de María, con la tradicional fiesta de San José Obrero. En la Escritura se presenta a la Sagrada Familia de Nazaret como una familia de trabajadores. En ocasiones a Jesús se le conoce por el oficio de su padre (Mt 13, 55) o se le llama a Él mismo “el carpintero” (Mc 6, 3). La Iglesia hace memoria de San José Obrero, acompañando así a la sociedad que celebra la Fiesta del Trabajo, ayudándonos a poner la vista en el mundo del trabajo y en las necesidades de los trabajadores.

Desde el inicio de la crisis, que aun nos sigue golpeando, muchos trabajadores de nuestros pueblos y ciudades, y entre ellos muchos de nuestros jóvenes, siguen sin tener una clara perspectiva de trabajo y si la tienen, en ocasiones, no tienen seguridad de tenerlo mañana. Es importante que, como comunidad cristiana, reflexionemos sobre la importancia del trabajo para la vida de la persona y su proyecto de vida familiar. “Trabajar —repito, de mil maneras— es propio de la persona humana y expresa su dignidad de ser creada a imagen de Dios. Por ello se dice que el trabajo es sagrado. Y por este motivo la gestión del trabajo es una gran responsabilidad humana y social, que no se puede dejar en manos de unos pocos o de un «mercado» divinizado. Causar una pérdida de puestos de trabajo significa provocar un grave daño social. Me entristece cuando veo que hay gente sin trabajo, que no encuentra trabajo y no tiene la dignidad de llevar el pan a casa. Y me alegro mucho cuando veo que los gobernantes hacen numerosos esfuerzos para crear puestos de trabajo y tratar que todos tengan un trabajo. El trabajo es sagrado, el trabajo da dignidad a una familia. Tenemos que rezar para que no falte el trabajo en una familia”. (Francisco, Audiencia General, 19-8-2015).

El trabajo tan necesario para la persona, debe ser a su vez decente. “Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación”. (Benedicto XVI, Cáritas in Veritate 63).

Diversos colectivos cristianos están promoviendo una iniciativa en la que se aboga por la consecución de ese trabajo decente. Entre ellas están presentes en nuestra diócesis Cáritas y la Confer. Los Obispos españoles, en nuestra Instrucción Pastoral “Iglesia Servidora de los pobres” recordábamos la importancia de esta cuestión en el número 32: “la política más eficaz para lograr la integración y la cohesión social es, ciertamente, la creación de empleo. Pero, para que el trabajo sirva para realizar a la persona, además de satisfacer sus necesidades básicas, ha de ser un trabajo digno y estable. Benedicto XVI lanzó un llamamiento para «una coalición mundial a favor del trabajo decente». La apuesta por esta clase de trabajo es el empeño social por que todos puedan poner sus capacidades al servicio de los demás. Un empleo digno nos permite desarrollar los propios talentos, nos facilita su encuentro con otros y nos aporta autoestima y reconocimiento social”. Por eso abogábamos por la imprescindible colaboración de todos, “especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social”. Muchos emprendedores y empresarios ya lo están haciendo. Hay que agradecerles sus desvelos y esfuerzos.

Estamos ante una cuestión de gran importancia, que se entrelaza con el día a día de nuestras familias. Todos conocemos de cerca los problemas de nuestros amigos y familiares o los nuestros propios, referentes al drama del paro. Pero, no perdamos la esperanza poniendo nuestra mirada en San José. Él también tuvo momentos difíciles pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no abandona. ¡San José te pedimos por todos los trabajadores en este día, especialmente por todos los que están en paro!

   + Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.