Las peregrinaciones

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez             Peregrinar es una actividad religiosa que existe, casi se puede afirmar, desde los orígenes de la humanidad y del hombre religioso. El pueblo de Israel recordaba a Abrahám y a los patriarcas como peregrinos. Su larga marcha por el desierto la consideró como la peregrinación prototipo de las que haría en la tierra prometida. La peregrinación fue siempre una acción claramente sagrada. Las peregrinaciones eran ocasiones muy especiales para un encuentro con el Señor y una manifestación de su identidad como pueblo y nación.

Jesús mismo, como buen devoto judío, participó con María y José en las peregrinaciones al templo de Jerusalén con motivo de las grandes fiestas judías. En una de ellas, siendo niño, se quedó perdido en el templo. Su última peregrinación fue en la pascua en la que consumó su pasión, muerte y resurrección.

Las peregrinaciones son un símbolo del camino de la existencia humana que manifiesta su sentido. Los salmos lo describen bien cuando cantan la ilusión de los peregrinos que salen animosos pensando en la meta con nostalgia de Dios y de su templo. “Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”. (Sal 121) Cuando atraviesan valles sombríos, cañadas oscuras o están cansados recitan: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22) Y cuando llegan por fin a la meta: “Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén”.

La Iglesia, todo el Pueblo de Dios, es peregrinante en camino hacia la Iglesia triunfante, nuestra patria celestial. La muerte es el final de la peregrinación terrena del hombre, que camina por la senda estrecha de la cruz (AG 1), alimentado por la Eucaristía, que es el alimento celestial de nuestra peregrinación.

En nuestros días están en auge las peregrinaciones. Son una manera de expresar la fe. Muchas veces se hacen promesas y votos de peregrinar a un lugar sagrado dándole a esta acción un carácter penitencial para resarcir un mal hecho o de acción de gracias por un favor recibido. Son actos de devoción que deben cumplirse (CIC can.1191, 1). En muchas circunstancias se camina a lugares, que son un foco de atracción e irradiación de la fe por su historia y tradición, por los acontecimientos, apariciones y milagros allí sucedidos, o porque ha habido grandes maestros de espiritualidad, son lugares en los que se respira un ambiente espiritual muy especial donde se percibe y se siente a Dios.
Destacan las peregrinaciones a Tierra Santa, a Roma, a Santiago de Compostela, a Lourdes, a Fátima, y a otros muchos lugares y santuarios. También nuestras formidables “Javieradas” entran en este capítulo. Muchos santos se han decidido a ser buenos discípulos y testigos del Señor en estos lugares.

Algunas veces pueden parecer actos de piedad de segundo orden pero se producen grandes bienes espirituales también para aquellos que inicialmente van por deporte, folklore, turismo, tradición o simple curiosidad. Es necesario prepararlas bien con catequesis adecuadas. Después, realizarlas con espíritu de fe. Participar en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía y en las oraciones y actos de piedad que ponen un tono de fervor en todo lo que se hace. Así se convierten en formas muy válidas de nueva evangelización y provocan muchas conversiones y aumento de vida cristiana.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).