Vocación de familia

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez             Les presento con enorme alegría «Amoris Laetitia» la Exhortación que el Papa Francisco nos ha regalado a toda la Iglesia. El título es suficientemente sugerente como para adentrarnos en su lectura y encontrar un documento que ha de leerse despacio, como un texto dirigido a obispos, presbíteros y diáconos, a las personas consagradas, a los esposos cristianos y todos los fieles laicos: «La alegría del amor». El Papa la ha escrito y la ha fechado el 19 de marzo, solemnidad de san José; recoge los resultado de dos Sínodos de obispos sobre la familia (celebrados en 2014 y 2015). La Exhortación Apostólica impresiona por su amplitud y articulación en nueve capítulos y más de 300 párrafos.

Para quienes piensen que el Papa Francisco camina en dirección opuesta a sus predecesores, por favor que lean y relean «Amoris Laetitia», pues partiendo de lo que el Concilio Vaticano II dice sobre el matrimonio y la familia, cita el Papa la famosa Humanae Vitae del Papa Pablo VI, Familiaris Consortio de san Juan Pablo II, junto a otros muchos escritos del Papa de la Familia, sin olvidar a Deus caritas est de Benedicto XVI. Ahora bien, los que esperaban saltos radicales, que lean este documento del Papa Francisco. Los principios del Evangelio de la vida y la familia eran y son los mismos. Nadie duda de la necesaria unidad de doctrina y de práctica. «Pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu Santo nos lleve a la verdad completa (cf. Jn 16, 13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada» (AL, n. 3).

¿Qué es lo que permanece y qué es lo que ha cambiado? Se mantiene intacta la fe. Cambia el contexto, perspectiva y la manera de abordar la pastoral familiar. Podríamos decir que el Papa Francisco apunta a una nueva lógica sobre cómo presentar el Evangelio del matrimonio y la familia y sobre cómo abordar las situaciones «irregulares»; la mirada es, pues, amplia e incluye también las «situaciones imperfectas», la compasión y misericordia con las personas más frágiles, como nos enseña Cristo.

Los nueve capítulos de «Amoris Laetitia» se leen bien, y es preciso hacerlo despacio, como la meditación del Salmo 128 en el capítulo primero; o volver a considerar la realidad y los desafíos de las familias en el capítulo segundo. El capítulo tercero comprende 30 párrafos dedicados a la vocación de la familia según el Evangelio: la indisolubilidad, la sacramentalidad del matrimonio, la transmisión de la vida y la educación de los hijos…, pero la mirada es amplia también a las «situaciones imperfectas». El amor en el matrimonio lo ilustra el Papa en el capítulo cuatro sobre el himno al amor de 1Cor 13, 4-7. Pero también sobre la cotidianidad del amor que es enemigo de todo idealismo y que debe afrontar el tremendo peso de tener que reproducir la unión que existe entre Cristo y su Iglesia. El amor fecundo y el tema de la unión fecunda del amor ocupa todo el capítulo quinto: recibir una vida nueva, el amor de madre y de padre; la fecundidad ampliada de la adopción, la manera de espaciar los nacimientos. Pero también alude el Papa a la familia con amplia red de relaciones y el profundo carácter social del sacramento del matrimonio. El capítulo sexto afronta algunas vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios. El séptimo capítulo está todo él dedicado a la educación de los hijos.

«Acompañar, discernir e integrar la fragilidad» es el título del capítulo octavo: una invitación a la misericordia y el discernimiento pastoral frente a situaciones que no responden plenamente a aquellos que el Señor propone. Es el capítulo más delicado. Para leerlo el Papa aconseja recordar que «a menudo, la tarea de la Iglesia se asemeja a la de un hospital de campaña». Hay que volver sobre este capítulo muchas veces. La Exhortación no da una nueva normativa general de tipo canónico, aplicable a todos los casos. Con el tema de la espiritualidad conyugal y familiar termina, con un noveno capí- tulo, la Exhortación del Papa Francisco. Es ésta una muy buena contribución del Papa a la familia humana, sobre todo a la familia cristiana. Y recuerden lo que decía el Papa Juan Pablo II: «La familia es el camino de la Iglesia». ¿Se animan a leerla? Estoy seguro que les gustará.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.