Cantos de vida: ¿Es posible el amor total? (Sal 144)

agusti_cortesMons. Agustí Cortés          Los ecos de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco La alegría del amor resuenan en nosotros, mezclados con las vivencias del Año Jubilar de la Misericordia. El Año Jubilar nos ha situado ante el amor de Dios sin límites. La Exhortación Apostólica nos muestra el amor vivido por la familia como proceso y camino hacia su perfección más elevada.

Uno no sabría decir si el Salmo 144 es fruto de una gran pasión, un inmenso entusiasmo, o es una conclusión lógica de un principio de fe. O ambas cosas a la vez. Es un himno de alabanza “pura”, es decir, un cántico que busca solo y siempre alabar a Dios. Escuchándolo se tiene la impresión de que la vida entera no consista más que en dar gloria a Dios. Es un salmo que se atreve a hacer llamadas y afirmaciones “absolutas”.

El caso es que la palabra constantemente repetida en este canto es “todo”, con sus distintas variantes. El Señor merece toda alabanza (v. 3), porque es bueno con todos y cariñoso con todas sus obras (v. 9); todas sus criaturas le han de dar gracias (v. 10) y todo viviente ha de bendecir su nombre (v. 21), pues sacia de favores a todos los seres vivos (v. 16); todos los ojos están fijos en Él (v. 15), porque es bondadoso en todas sus acciones y en todos sus caminos (vv. 13 y 17).

Así pues, no hay límite ni excepción en el amor. No lo hay en el amor que Dios nos tiene y, en consecuencia, no lo hay en el amor que las criaturas, sin excepción, le debemos a Él. La alabanza, que es la expresión más nítida del amor habrá de ser igualmente sin excepción y sin límite.

Además la llamada del Año Jubilar de la Misericordia nos muestra el amor de Dios total e incondicionado. Y al mismo tiempo nos invita a practicar ese mismo amor con el hermano, con cualquier hermano. La Exhortación Apostólica va todavía más allá: su mensaje central es que el matrimonio y la familia cristianos constituyen un lugar privilegiado donde se vive y se expresa el amor esponsal de Dios con la humanidad y de Cristo con la Iglesia.

Dicho así, suena bien y se entiende. Sin embargo, la mirada a la realidad puede dejarnos un poco perplejos. Estas afirmaciones ¿no suenan a exageración? Conociendo las vicisitudes de nuestra convivencia, las relaciones humanas en todos los ámbitos de la vida social (amistad, trabajo, economía, política, cultura); conociendo historias concretas de la vida de la pareja, estadísticas y estudios sobre la familia, ¿no serán estos pensamientos una especie de licencia poética o unas fórmulas utópicas, tan lejanas de la realidad que invitan a verlas como cerradas en el armario del pensamiento y de la literatura, sin repercusión alguna en la vida?

Nos resistimos a caer en esa tentación. Cualquiera que haya amado de verdad, sabrá que el amor no se contenta con medianías, sino que pide el absoluto. Pero, aunque no fuera así, la lógica del Salmo 144, sigue estando ahí, es decir, que de hecho Dios nos ha amado así y eso hace cambiar toda lógica y todo cálculo.

Se entiende, pues, que el Año Jubilar incluya la llamada al perdón y sitúe en su centro el Sacramento de la Reconciliación. Y se entiende igualmente que la Exhortación Apostólica hable constantemente del amor como dinamismo, proceso y camino.

Si renunciáramos al amor absoluto sucumbiríamos ante los continuos fracasos de los pequeños amores. Por el contrario, el triunfo del amor absoluto en la Resurrección no permite no cejar en la búsqueda, no cansarnos de volver a intentarlo, levantarnos cada vez que caemos… ¿No es más apasionante una vida así, que una existencia paralizada y cerrada por el miedo a amar de verdad?

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.