Sara Miriam Orozco: "El Señor nos creó para cosas grandes y el mundo nos está esperando"

Huesca imagen SaraEl lunes, 2 de mayo, se celebrará la Profesión solemne de Sara Miriam Orozco Martins, a las 12:30 horas, en la iglesia del Convento de Santa Clara, donde ha vivido los dos últimos años. Nació el 5 de junio de 1988 y es natural de Ronda (Málaga). Entró a un convento de clarisas con 18 años y se describe como una persona movida por la inquietud de la búsqueda, idea que refleja en uno de los versículos elegidos para su profesión solemne: “Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor”.

¿Cómo se dio cuenta de la llamada del Señor, de la necesidad de dedicar su vida a la oración y contemplación?

Puedo decir con gratitud que la mano del Señor ha sostenido y guiado mi historia desde siempre, aún en los momentos en los que yo lo he rechazado y me he querido alejar de Él, y ha puesto en mi corazón, como en todo corazón humano, la inquietud por la búsqueda de esa vida abundante que solo Él puede dar.

Así, después de buscar en muchos caminos, muchos de ellos equivocados, el Señor tuvo misericordia de mí, que andaba como oveja perdida, y por medio de unas hermanas clarisas que me invitaron a hacerles una visita, pude darme cuenta que mis sueños e ideales de fraternidad, de un mundo mejor, mi vacío por vivir en un mundo materialista, mi sed de un amor verdadero,… todo esto solo podía encontrarlo en Él y a partir de ahí, de manera fulminante como la caída de san Pablo del caballo, mi vida solo tiene sentido en Él, por Él y para Él.

Y el Señor me regaló el don de la llamada a la vida contemplativa en la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, que por una vida de silencio, de oración, de clausura, me uno cada día al ofrecimiento de Cristo en la cruz por todos los hombres, haciendo de mi vida ofrenda e intercesión por todos, presentando ante el Señor los dolores y alegrías, sufrimientos y esperanzas del mundo, de los de cerca y de los de lejos, en una oración que no tiene límites.

¿Cómo se siente al dar este paso?

Al dar este paso me siento feliz y muy ilusionada, pero al mismo tiempo experimento el estremecimiento que me hace descalzarme ante tan gran misterio. Y así, me acerco de puntillas, confiando totalmente en su misericordia que suplirá las deficiencias de mi entrega. Esto es algo que me supera, que me desborda, es un don inmerecido ante el cual yo solo puedo decir: “Hágase en mí según tu voluntad”, como María, a la cual confío mi vocación y mi perseverancia en fidelidad.

Aprovecho aquí para encomendarme a vuestras oraciones para que el Señor acepte la ofrenda de mi vida y me conceda sus gracias para caminar siempre rectamente en su presencia y hacer siempre lo que le agrada.

No sé si ha elegido algún texto o lema para su Profesión. ¿Cuál? ¿Por qué ese?

Bueno, no es un lema como tal, pero sí es la Palabra que encuadra mi historia y mi llamada y ahora en este tiempo de preparación, el Señor me ha dado. Es un versículo del salmo 26: “Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor.” Y a esto uno una cita de san Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón anda inquieto hasta que descanse en Ti.” Y es que, como ya he comentado antes, la clave de mi vida es la inquietud de la búsqueda. Esto lo he querido reflejar en el recordatorio en el que aparece un camino; en ese camino unas sandalias y un cordón como símbolo de nuestro carisma, ya que, como peregrina y advenediza en este mundo quiero seguir las huellas de Cristo pobre y crucificado a ejemplo de nuestra madre santa Clara. Y en el horizonte el rostro de Jesús, como meta de este camino pero también como guía y compañero, que con su mirada alienta los pasos, calienta el corazón y suscita en él continuamente su llamada: “Buscad mi rostro”. Y por su gracia, la respuesta firme: “Tu rostro buscaré, Señor.”

¿Por qué piensa que surgen tan pocas vocaciones religiosas y sacerdotales?

Es una pregunta muy amplia. Por una parte, creo que no son tan pocas las vocaciones que surgen. Hay muchas nuevas formas de vida consagrada, hay muchas vocaciones en otros lugares del mundo, por ejemplo, donde la fe es perseguida.

Por otra parte, creo que es verdad que en el mundo hay mucho ruido, que el ambiente no es propicio, es todo muy ambiguo y es más difícil que surja la semilla de la vocación, pero también percibo que hay muchos jóvenes cansados de tantas cosas descafeinadas que les ofrece la sociedad. Y aquí, más que una respuesta lo que me surgen son preguntas, porque también nosotros, los consagrados, los que hemos experimentado la plenitud de Dios y nos hemos entregado totalmente a Él, ¿qué imagen de Dios transmitimos?… En nuestra oración, en nuestra liturgia, en nuestra relación con Dios, ¿nos llenamos de la Vida, de la Verdad que es Dios, para después transmitirla a tantos jóvenes desorientados y en busca de algo auténtico? ¿Cómo queremos entusiasmar a los jóvenes si muchas veces nosotros hemos dejado de creer en la fuerza de la oración y de nuestra consagración?

No sé, son preguntas que a mí me hacen revisar, revitalizar mi vida y cuidar ciertos aspectos muy importantes de la siembra para que después, cuando el Señor quiera, germinen las semillas. Pero por encima de todo, creo que nos toca vivir un tiempo de gracia, de ser auténtica levadura en la masa, en el que tenemos que estar atentos para ver qué nos pide el Señor, y vivirlo con pasión y agradecimiento.

¿Cómo animaría a los jóvenes y a la sociedad a sentir esta llamada?

La palabra que se me ocurre es que no se cansen de buscar, que nunca dejemos apagar la llama de la inquietud en nuestro corazón, que seamos valientes para arriesgarlo todo con la confianza de que Dios no quita nada, sino que lo da todo, como diría Benedicto XVI. El Señor nos creó para cosas grandes y el mundo nos está esperando… Apoyados en su Palabra y alimentados por su Eucaristía lo podemos todo, ¡confiemos y creamos de verdad en la victoria de la Cruz y Resurrección de Jesucristo!

(Diócesis de Huesca)

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