Obras de Misericordia: perdonar

Mons Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas          El tiempo pascual es un momento oportuno para seguir reflexionando sobre las obras de misericordia, para incorporarlas a nuestra vida contando con los dones del Señor Resucitado.

Perdonar es la piedra de toque del amor, según Jesucristo.

Recordemos el Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos…”

Recordemos la pregunta de Pedro a Jesús: “¿Cuantas veces he de perdonar a mi hermano… ¿Siete veces?”. Respuesta: “Setenta veces siete”. Recordemos a Jesús crucificado perdonando a sus verdugos…

Recordemos a tantos santos y santas, desde san Esteban hasta hoy en día, que han dado su vida perdonando…

La razón del perdón radica en el hecho de haber sido perdonados  nosotros, exigencia de Jesús al comentar la parábola de los malversadores de bienes: “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. El perdón es un gesto gratuito, no obligatorio; es la imitación que hacen los hijos de la misericordia del Padre. Es la mayor manifestación del amor. Es una de las actitudes más difíciles, pero al mismo tiempo más necesaria en la relación entre personas y para una auténtica convivencia.

Todos conocemos a alguien que por el daño y el sufrimiento recibidos  no quiere o no puede perdonar. No podemos situarnos en su lugar, pero sí que podemos ponernos en el nuestro. También yo y tú hemos sido heridos, también nos han hecho o nos hacen algún daño y, a menudo  los autores son personas próximas. Es entonces cuando se trata de cambiar nuestra actitud personal.

El perdón es fundamental para las comunidades cristianas, para que puedan ser un signo de la nueva relación entre personas, para que puedan ser acogedoras y para que vivan el evangelio. Únicamente por medio del perdón se puede expresar que la comunidad cristiana es señal de una nueva forma de vida, de acuerdo con Jesús. Entre las personas con responsabilidades en las parroquias surgen a menudo tensiones, envidias, rivalidades, resentimientos… Es entonces cuando puede empezar a debilitarse la comunidad. Esnecesario saber perdonar, y al mismo tiempo ser perdonado, para que una parroquia sea una auténtica comunidad cristiana. La Iglesia ha de ser la casa del perdón.

El perdón en la vida “normal y ordinaria”. Es fácil imaginar el ambiente en que se produce la ofensa: en el matrimonio alguien se siente ofendido, porque le parece no sentirse valorado; o porque no se tiene en cuenta su trabajo; o no se respetan sus sentimientos. En un grupo, porque no se respetan las ideas de los demás o porque alguien se impone a los demás compañeros. En un pueblo, entre vecinos, i en un país, por historias pasadas, por los egoísmos, por el mal hecho a personas, por las calumnias, las ofensas, las convicciones políticas…

Sin la capacidad de perdonar y de ser perdonados no se puede construir convivencia alguna que ayude a la superación de las personas.

La condena nunca tiene presente la totalidad del otro, únicamente los aspectos más negativos. Quien espera sufre, perdona y ruega… por las faltas del marido o de la esposa, de los amigos, de los vecinos, de los hermanos cristianos o de los adversarios, y desea todo el bien posible para ellos. No es débil,  sino que con su actitud realiza la presencia amorosa de Dios, que se palpa en la verdadera fraternidad y en la convivencia.

Para aprender a perdonar y ejercer el perdón es necesaria una visión realista de la propia vida, reconociendo que también  nosotros hemos provocado heridas, tensiones, sufrimientos, acciones que han hecho daño… que nos han alejado del amor de Dios y del de los hermanos. Solo desde el reconocimiento de  nuestra necesidad de perdón, de la experiencia de haber sido perdonados muchas veces, podemos perdonar.

Ser perdonado y perdonar es la verificación del amor según el Evangelio, es “un auténtico milagro”. “

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.