La alegría del amor

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano          El día de San José, el Papa Francisco regaló a la Iglesia su segunda Exhortación Apostólica postsinodal “Amoris Laeticia”, después de la “Evangelii Gaudium”. Es un escrito largamente esperado después de la celebración, en dos años consecutivos, de sendos Sínodos de los Obispos sobre la familia. Es un documento largo, rico, llenos de matices y de propuestas pastorales, cargado de ternura y misericordia y, como el mismo afirma, con los pies en el suelo (Cfr. Amoris Laeticia (AL) 6).

Entiendo que es bueno ir haciendo una aproximación paulatina al documento, como indica Francisco, para sacarle más partido y dejar que ilumine nuestra situación personal, familiar y pastoral. A lo largo del segundo capítulo, y siguiendo muy de cerca las aportaciones de los padres sinodales, analiza la realidad y los desafíos que la familia tiene hoy en día. Son muchas las circunstancias que eclipsan la luz del Evangelio de la familia y que impiden que este pueda ser descubierto y vivido en plenitud, generando muchas situaciones de crisis familiar, expresión de la propia fragilidad humana y de la pobreza social y económica, que deben ser acompañadas y discernidas por la Iglesia.

Antes, en el primer capítulo, se nos presenta las ricas referencias que en la Sagrada Escritura se encuentran sobre la familia. La Biblia está plagada de historias de amor y de crisis familiares, desde la primera página hasta la última (Cfr. AL 8). Es bueno tomar nota de las citas que aparecen y leerlas dejándose sorprender, una vez más, por la fuerza de la Palabra de Dios en la vida de las familias.

Los capítulos 3, 4 y 9 entiendo que pueden ser muy hermosos de leer para los matrimonios y las familias. La reflexión sobre el don del amor en el matrimonio, expuesto en un precioso comentario al “Himno de la Caridad” de San Pablo (1 Corintios 13, 4-7), facilita el poder describir las características del amor que permiten a los esposos descubrir la fuerza que tiene para ellos y en su proyecto de familia, la caridad conyugal. El capítulo tercero, repasa el riquísimo Magisterio que se ha desarrollado en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II sobre el matrimonio y la familia; desde la belleza de esas propuestas se invita a los esposos a descubrir que son llamados por el Señor a vivir su vocación al matrimonio y a la familia en el sacramento del matrimonio. El descubrirse Iglesia doméstica, ayudará a las familias a asumir su tarea de ser sujetos de evangelización, protagonistas de una responsabilidad que nadie puede sustituir. El capítulo noveno hace una preciosa propuesta sobre la espiritualidad conyugal y familiar que puede orientar a muchas familias a crecer como tales, edificando auténticamente sobre roca (cf. Mateo 7).

Los capítulos 5 y 7 nos invitan a poner la mirada sobre los hijos en el proyecto del matrimonio y a valorarlos como un auténtico don de Dios. En definitiva, es descubrir que el amor se vuelve fecundo moviendo a los esposos a convertirse en padres y a tomar conciencia de la determinante importancia que ellos tienen en la educación de sus hijos.

El capitulo octavo nos exhorta a acompañar, discernir en integrar las situaciones de fragilidad que encontramos tantas veces en la vida de las familias. Tantos matrimonios rotos que deben ser acompañados por otras familias y por las comunidades cristianas. Se trata de arriesgar, de complicarse la vida a favor de los demás y de implicarnos en la solución de sus problemas; de diseñar, en definitiva, una nueva pastoral que ilumine y acompañe estas situaciones. Son muchos los divorcios que se dan en nuestra sociedad. Prevenir el que no ocurran es una urgencia pastoral.

Y el capítulo sexto, que dejamos para el final, se convierte en un reto a la hora de diseñar y fortalecer nuestra pastoral familiar, también en nuestra diócesis. Lanza el reto de anunciar hoy el Evangelio de la familia, de renovar los cursillos de novios, de acompañar los primeros años del matrimonio o de asumir el zarpazo de la muerte de un ser querido en nuestra vida. Los destinatarios prioritarios de esta parte son los miembros de la Delegación de Pastoral Familiar y los agentes de pastoral familiar en las parroquias.

Estamos ante un gran reto que el Papa plantea a toda la Iglesia. Igual que estamos haciendo con la “Evangelii Gaudium” debemos ir conociendo poco a poco la exhortación y dejando que fecunde nuestra pastoral. ¡A la Sagrada Familia de Nazaret se lo pedimos!

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.