Palabra y ejemplo van juntos, recuerda a los nuevos sacerdotes el Papa Francisco

AFP5214523_LancioGrandeEn la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2016 – cuyo lema con el mensaje del Papa Francisco es «La Iglesia, madre de vocaciones» – el Santo Padre presidió este domingo 17 de abril la Santa Misa del IV Domingo de Pascua, con el rito de ordenación presbiteral de 11 seminaristas de la Diócesis de Roma, con la imposición de manos, la unción del crisma y el abrazo de la paz, en la Basílica de San Pedro.

Les pido, en nombre de Cristo y de la Iglesia: por favor que sean misericordiosos, muy misericordiosos, y no se olviden que han sido elegidos, pues el Señor los ha llamado uno por uno, al servicio de los hombres y no mío, les dijo el Sucesor de Pedro, haciendo hincapié en la importancia de la palabra y del ejemplo, que son inseparables.

Y subrayando que «sin la cruz no encontrarán nunca al verdadero Jesús: una cruz sin Cristo no tiene sentido», el Papa pronunció la homilía correspondiente sustancialmente a la «Homilía ritual», prevista en el Pontifical Romano para la ordenación de presbíteros, aportando algunas modificaciones personales.

«Que Dios que vela siempre sobre su Iglesia, instituida por su Hijo los guíe y proteja con la gracia del Espíritu, para que puedan cumplir generosamente su misión de presbíteros», dijo el Papa al concluir la celebración, deseándoles que el Señor «los haga en el mundo siervos y testigos de su verdad y de su amor y fieles ministros de la reconciliación». Así como «verdaderos pastores que distribuyen el pan y la palabra de vida a los creyentes, para que crezcan cada vez más en la unidad del cuerpo de Cristo».

(CdM – RV)

Homilía del Papa

Hermanos queridísimos

Estos hijos y hermanos e hijos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado.

Como bien saben, aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de los hombres. No obstante, el Señor Jesús quiso elegir entre sus discípulos a algunos en particular, para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continuaran su misión personal de maestro, sacerdote y pastor.

Después de una profunda reflexión, ahora estos hermanos van a ser ordenados para el sacerdocio en el Orden de los presbíteros, a fin de hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como Pueblo de Dios y templo del Espíritu Santo.

Al configurarlos con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirlos al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar al Pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor.

A ustedes, queridos hijos y hermanos, que van a ser ordenados presbíteros, les incumbe, en la parte que les corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitan a todos la Palabra de Dios, la misma que ustedes mismos han recibido con alegría.

Hagan memoria de su propia historia, del aquel don de la Palabra que el Señor les ha dado a través de sus mamás, de sus abuelas – y como dice Pablo  – de sus catequistas, y de toda la Iglesia.

Y al leer y meditar asiduamente la Ley del Señor, procuren creer lo que han leído, enseñar lo que crean y practicar lo que enseñan.

Que la enseñanza de ustedes sea alimento para el Pueblo de Dios; que su vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que, con su palabra y su ejemplo – van juntos: palabra y ejemplo – se vaya edificando la casa de Dios, que es la Iglesia.

Les corresponde también la función de santificar en nombre de Cristo. Por medio de su ministerio alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por sus manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta.

Reconozcan lo que hacen e imiten lo que conmemoran, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, se esfuercen por hacer morir en ustedes el mal y procuren caminar con Él en una vida nueva.

Llevar la muerte de Cristo en ustedes mismos y caminar con Cristo en una vida nueva: sin cruz, nunca podrán encontrar al verdadero Jesús. Y una cruz sin Cristo no tiene sentido.

Introducirán a los hombres en el Pueblo de Dios por el Bautismo. Perdonarán los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia. Y por favor, en nombre de Jesucristo, el Señor, y de la Iglesia, les pido que sean misericordiosos, muy misericordiosos.

A los enfermos les darán el alivio del óleo santoAl celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la oración de alabanza y de súplica, se harán voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad.

Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres. ‘Elegidos’, no olviden esto. ¡Elegidos! ¡Es el Señor el que los ha llamado, uno por uno. Elegidos entre los hombres y puestos al servicio de ellos y no al servicio mío!

Permaneciendo unidos a su Obispo, esfuércense en reunir a los fieles en una sola familia para conducirlos a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tengan siempre presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido.

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak – Radio Vaticano)

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