Domingo del Buen Pastor. ¡Gracias sacerdotes!

Mons Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas          Este domingo conocido como el del Buen Pastor, es el día en que siempre pienso en los sacerdotes, los que tenemos hoy y los que nos han bautizado, repartido la Eucaristía, perdonado, acompañado en tantos momentos de la vida, enseñado, querido, guiado, escuchado… ofreciendo toda su vida por las personas que la Iglesia les ha encomendado.

Lo he explicado en diversas ocasiones, pero como es conveniente repetir las cosas, comento de nuevo un hecho que he recordado toda mi vida, y más ahora, cuando he de hacer nombramientos o presidir los funerales de un sacerdote.

Cuando era monaguillo, este domingo, cuarto de Pascua, tras la Misa, veía entrar en la sacristía a mucha gente de mi pueblo para felicitar al sacerdote: “Gracias por ser nuestro párroco. Felicidades y por muchos años. Estamos a su lado”. A mí me extrañaba que precisamente aquel domingo la gente que  cada día se encontraba con el sacerdote, y que incluso en algún momento le criticaban, se mostrasen tan amables.

Por eso pregunté al párroco si acaso era su santo o su aniversario, o qué celebraba. Me respondió que era el domingo del Buen Pastor. Por eso en muchas parroquias agradecen al párroco que sea su pastor, a semejanza de Jesucristo, el Buen Pastor. Y me explicó el Evangelio de ese domingo. Para quienes no tienen 60 años o más, debe decirse que el Evangelio y la Misa, se oficiaban en latín, yo no entendía nada, pero sí me daba cuenta de cuando el  sacerdote estaba contento, cuando se enfadaba, cuando rezaba, cuando nos llevaba de excursión, cuando nos enseñaba el catecismo, cuando lo acompañaba a administrar la comunión a los enfermos. También cuando íbamos al cementerio en los entierros y hablaba en voz alta o cantaba cosas que yo no entendía.

Yo, monaguillo algo revoltoso, fui con los otros a comprar a la panadería por poco dinero —en aquella época no teníamos mucho— una porción de coca para regalársela al párroco porque era nuestro pastor.

Hoy, cuarto domingo de Pascua, es muy importante que oremos por nuestros párrocos, por los que han administrado nuestra parroquia y no hemos conocido y por los que ahora son sus pastores. Y sería bueno que por unos momentos les diésemos las gracias por su vida y por su servicio.

Por estos mundos de Dios circula un escrito referido a los sacerdotes que, más o menos, dice lo siguiente:

Cuando el párroco vivía, algunos lo consideraban demasiado serio y otros un tanto disipado. Algunos lo tenían por “carca y tradicional”, otros por muy avanzado. Algunos lo criticaban y pocos lo elogiaban… Pero cuando falta o muere todos le echamos en falta y nos damos cuenta de lo mucho que ha hecho”.

En la celebración exequial de los sacerdotes siempre acostumbro a dar gracias a Dios, gracias al sacerdote, gracia a les personas que lo han ayudado y acompañado.

Hoy, bastantes sacerdotes son párrocos de más de una parroquia, algunos hasta de diez, y pese a ello se esfuerzan y desviven por ser buenos pastores, a semejanza del Buen Pastor. Es un buen día, este domingo, para recordarlos, rezar por ellos y agradecer su misión.

A todos, en este domingo del Buen Pastor, nuestra Iglesia de Girona les erigimos un monumento, no material, pero sí diciéndoles a todos: “¡Gracias!”. A los difuntos: vivid por siempre con el Buen Pastor Resucitado. A los que vivís: aunque puede que nunca os lo digamos, os queremos y os necesitamos.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 374 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.