Los catequistas, cantores de la misericordia del Señor

Mons. Cerro ChavesMons. Francisco Cerro          En mis encuentros con todos aquellos que desde el amor y la pura gratuidad entregan su vida, me encuentro con los catequistas, hombres y mujeres que hacen una labor impagable.

Desde una profunda vivencia del Amor a Jesús, quieren transmitir la fe a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes, a las familias… y lo hacen con la fuerza de su testimonio personal y de su entrega siempre generosa.

Tienen que luchar para hacer atractiva la catequesis ante muchos niños, adolescentes y jóvenes que vienen a la catequesis sin ninguna motivación, tratando de ofrecerles lo mejor que tienen y se dan al servicio del Evangelio y de la Iglesia.

Muchas veces incomprendidos por las exigencias de los padres o familiares que les gustaría un cristianismo “a la carta”, donde las exigencias fuesen casi ninguna. Y sobre todo, en vez de vibrar con saber que se le está dando lo mejor, que es Cristo, a sus hijos, no colaboran, ni se hacen presentes, ni apoyan la labor del catequista.

Es verdad que muchos niños y padres y la misma comunidad parroquial globalmente les apoyan, pero cuántos malos tragos, cuántos llantos contenidos, cuánta quemazón ante los menosprecios de una labor realizada desde la gratuidad absoluta y por Amor al Jesús de la Vida y a todos lo que quieren transmitirles la fe, con la conciencia de que “perderse a Cristo es perderse lo mejor de la vida”.

He visto a catequistas en nuestros encuentros, convivencias, campamentos, campos de trabajo, escuelas de formación, ejercicios espirituales, y todo para ser más entregados y disponibles a los que catequizan.

Desde aquí, como obispo, os sigo animando a seguir realizando tan grande y hermosa labor de transmitir la fe, de evangelizar.

La Iglesia Diocesana, que vive con gozo estos momentos del XIV Sínodo Diocesano, en el primer gran tema hablamos de la transmisión de la fe a los niños, a todos. Vosotros tenéis una labor tan preciosa siempre, que os estoy muy agradecido y quiero seguir contando con vosotros, y unidos a vuestros párrocos y a toda la Iglesia Diocesana, con vuestra delegación y delegado, os doy las gracias y cuento con vosotros para seguir siendo cantores de la Misericordia del Señor.

Quiero terminar dedicando un decálogo que escribí al terminar un encuentro con vosotros, los catequistas, donde quise agradecer al Señor vuestro testimonio, vuestra preparación y sobre todo vuestro amor gratuito. No cobráis NUNCA, más que cuando alguno os lo agradece con una sonrisa… y yo quiero ser el primero:

1. Gracias por ser creyentes en un mundo descreído.

2. Gracias por dedicar vuestro tiempo y vida al “oficio” más clave: transmitir la fe en Jesús.

3. Gracias por estar ahí de un modo sencillo.

4. Gracias por vuestra paciencia.

5. Gracias por no “tirar la toalla”.

6. Gracias por creeros de verdad lo que enseñáis.

7. Gracias porque a pesar de las dudas, no os habéis quedado cruzados de brazos.

8. Gracias por ser “Cristos de Misericordia”.

9. Gracias por hacer felices dando a Jesús.

10. Gracias porque os he visto dedicando lo mejor de vuestra vida a dar “razones para la esperanza”… y no habéis exigido nada a cambio.

 

† Francisco Cerro Chaves,

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.