No confesarnos con el espejo

Mons. Jaume PujolMons Jaume Pujol            Jorge Bergoglio tenía 17 años. Era el 21 de septiembre de 1953 cuando entró en su parroquia de Buenos Aires. Acudió al confesionario, donde le atendió el padre Carlos Duarte. Era un sacerdote originario de Corrientes que pasaba unos días en la capital siguiendo un tratamiento contra la leucemia, de la que murió al año siguiente.

El Papa recuerda aquel momento: «Me sentí acogido por la misericordia de Dios confesándome con él». Era la fiesta de san Mateo, y como el apóstol a quien Jesucristo llamó diciéndole «sígueme», el joven Bergoglio sintió que Jesús le había salido al encuentro y ya se quedaría con él para siempre.

La confesión forma parte del modo en que podemos recibir la indulgencia del Año Jubilar de la Misericordia: visitando una iglesia señalada para el jubileo, realizando un acto de fe, rezando una oración por el Papa y recibiendo los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.

En su conversación con Andrea Tornielli, publicada bajo el título El nombre de Dios es misericordia, el papa Francisco responde a la pregunta de si no bastaría con arrepentirse de los pecados y pedir perdón a Dios sin necesidad del sacerdote como intermediario. Después de recordar que los obispos y sacerdotes son instrumentos de la misericordia divina y que actúan in persona Christi, dice: «Somos seres sociales. Si tú no eres capaz de hablar de tus errores con tu hermano, ten por seguro de que no serás capaz de hablar tampoco con Dios y acabarás confesándote con el espejo (…) Confesarse con un sacerdote es ponerse en manos de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús».

Para ello es necesaria la humildad, primero para reconocerse pecador, y luego para no preocuparse por «quedar mal», cosa que no sucede, pues todos somos pecadores y lo que Dios aprecia en nosotros es la sinceridad. El sacerdote -dice el Papa- no está para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios.

Hace más de medio siglo Pío XII ya dijo que el drama de nuestra época es haber perdido el sentido del pecado. El otro drama sería, y va en paralelo al anterior, haber perdido la conciencia de la misericordia de Dios, que como un padre bueno nos espera como al hijo pródigo de la parábola evangélica, oteando el horizonte cada día esperando nuestro regreso.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

 

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.