Consolar a los afligidos

Mons Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas           Durante este tiempo pascual, nos será de gran ayuda reflexionar sobre las obras de misericordia, porque desde la alegría de estar “salvados” por la muerte y resurrección de Jesucristo contagiemos también misericordia. La vida y las apariciones de Jesús resucitado a los discípulos son un modelo de lo que significa consolar.

No podemos ignorar el desencanto y la tristeza que afectan cada vez más a tantas personas de nuestro entorno. No sé si os pasa a vosotros, pero adivino la tristeza de muchas personas a través de su rostro y, sobretodo, de sus conversaciones.

Las causas son las de siempre, las propias de los tiempos que vivimos: contrariedades, frustraciones, sufrimientos físicos o morales. Hoy podemos añadir: perder el gusto de vivir, debilidades psicológicas a causa del estrés o de la falta de trabajo, de valoración personal, del sentido de cada momento de la vida y de su trascendencia… Todo lo cual crea una aflicción que invade el corazón y la mente.

Con frecuencia, una de las causes es la soledad, que se convierte en incomunicación, aislamiento y exclusión de vínculos con los demás. En un informe de las fundaciones AXA y ONCE, se afirmaba que la mitad de los residentes en España, en ocasiones, durante los últimos años, se sienten solos, y un 10% lo hacen con mayor frecuencia. Pensemos en los vínculos surgidos de las relaciones personales: los familiares, aunque inestables en ciertas situaciones; los laborales, que generan convivencia, no siempre fácil; las relaciones afectivas o de amistad, de ayuda, de colaboración; y hoy debemos también considerar la vinculación virtual por medio de las redes sociales.

Quienes viven la soledad necesitan la ayuda de alguien.

Consolar requiere acercarse a la persona afligida y ayudarla a recuperar la autoestima, la confianza en los demás, la esperanza en su futuro, haciéndole ver que la situación por la que pasan es temporal y superable…

Pero, ¿qué garantía podemos ofrecer? ¿Qué podemos decir cuando se trata de hechos dramáticos?

Llegados a este punto los cristianos hemos de fijar la mirada en Jesús, hemos de descubrir su actitud hacia los afligidos que aparecen en las narraciones evangélicas.

Jesús, en la sinagoga de Nazaret, su pueblo, con un texto del profeta Isaías recuerda su misión: “…El Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad” (Is 61, 1-2a).

Los cristianos hemos de ofrecer el fundamento del auténtico consuelo, mejor aún, ofrecer aquel que puede consolar.

– Dios, con Jesús, sufre con los que sufren.

– Las palabras de Jesús a la viuda que ha perdido el hijo se dirigen a todos: “No llores”.

– Pedir aquellos dones que Jesús ofrece y que son consuelo y esperanza.

–  Mostrar con palabras y gestos adecuados que manifiesten la voluntad sincera de acompañarles en su proceso para que recuperen la autoestima, la confianza en ellos mismos y en los demás, la esperanza.

–  Ayudar a descubrir los hechos y, al mismo tiempo, las actitudes más positivas y valiosas de su vida.

–  Tener muy presente, para quien quiera acompañar a “los heridos”, que lo que más daña es sentirse no amado y ser objeto de atención por el hecho en sí del dolor, como si la persona no interesase.

– Leí en una reflexión sobre la misión de consolar: “El cristiano es al mismo tiempo un pobre que cuida y ama a los pobres; un herido que está con los heridos”.

– La experiencia del propio dolor —bien asumido— resulta de una gran ayuda para desarrollar un “radar” especial que detecte quien sufre, y urja a acercársele.

Intentémoslo en nombre de Jesús y con su ayuda.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 376 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.