Victoria Braquehais: «El hambre perpetúa la cadena de la pobreza y deja a las personas en las orillas de la vida»

La Hna. Victoria Braquehais, mallorquina de nacimiento y africana de adopción, es licenciada en Filología Inglesa y Estudios Eclesiásticos y es, sobre todo, misionera de la Congregación Pureza de María.  Llegó a R.D. Congo en octubre de 2009 y desde el año 2010 dirige el Instituto Uzima en la localidad de Kanzenze donde todos le llaman «ushindi», su nombre en suahili. Es responsable de proyectos de Manos Unidas en Kanzenze.  Nos cuenta en esta entrevista para Agencia SIC cómo se combate el hambre, el físico y el del corazón. y con sus palabras nos traslada a África «su lugar en el mundo».

P. Lleva más de 12 años en África, ¿cómo y por qué decide irse y dedicar su vida entera a ser misionera?

R. Llevo en África, concretamente en Kanzenze (Lualaba, R.D.Congo) desde el 1 de octubre de 2009. Me destinaron el 21 de mayo de 2009, lo cual fue para mí una alegría inmensa porque… ¡en realidad estaba de corazón en África desde los 7 años! Me gusta citar siempre una frase de Daniel Comboni con la que me identifiqué plenamente siendo aún niña y que sigue definiendo mi vocación, que es don de Dios: “como el humo tiende a subir, como el agua a bajar, así, de pronto, surgió mi vocación misionera”.

Cuando entré en el Noviciado de Pureza de María respondiendo a la llamada de Dios, enseguida expresé ese deseo de ser misionera. Siempre había sentido que quería ser de Dios, ser Suya por completo… pero las mociones toman concreción y para mí, Cristo se hace carne y vida africana. Vine a África porque Él, Dios, me trajo aquí… tuve que esperar (y me animaba tanto Francisco Javier) pero eso me ayudó a comprender que lo único que cuenta es el tiempo de Dios, y la realidad más profunda es que estamos en Sus manos.

«África me ha llevado a la contemplación de la humanidad de Cristo, Dios y Hombre verdadero»

P. ¿En qué consiste su misión allí? ¿Qué acciones concretas están llevando a cabo?

R. Una de las cosas más bellas de África es que es una escuela de humanidad. África me ha llevado a la contemplación de la humanidad de Cristo, Dios y Hombre verdadero. ¿Por qué digo esto? Porque antes que la pregunta por las “acciones concretas” África te invita a “ser”, a “vivir” (la vida es algo esencial en la cultura bantú, el equivalente homeomórfico de nuestro “ser” occidental). Esto es la vida sin distracciones.

Y, por eso, nuestra primera vocación es una llamada a ser. Con ella viene el “Ubuntu” (“yo soy porque nosotros somos”). Ser una comunidad (local, eclesial…) al servicio de la reconciliación, de la justica y de la paz, como nos lo recordaron nuestros obispos en el último sínodo. Ser familia de Dios, que es como se comprende la Iglesia en África.

Respecto al apostolado concreto, vivo en una comunidad en misión. Somos 4 hermanas: 2 congoleñas, 1 nicaragüense y yo; y 1 aspirante congoleña. Nos encargamos de un Hospital General de Referencia (área de salud de 92 000 personas), una Escuela Infantil (mixta) y Primaria de Niñas (547 alumnas), un Instituto de Educación Secundaria (341 alumnos) y dos internados, uno femenino y otro masculino.

Trabajamos mucho con organismos, entidades, fundaciones, particulares… y de un modo muy especial con la ONG de la Iglesia Católica Manos Unidas. En este momento, Manos Unidas apoya cinco proyectos en nuestro poblado:

  • Rehabilitación y ampliación de una Escuela Primaria de niñas.
  • Construcción de un Instituto de Educación Secundaria.
  • Rehabilitación y equipamiento del Hospital.
  • Huerto escolar piloto.
  • Proyecto de canalización y abastecimiento de agua.

«El hambre margina a las niñas, porque cuando hay falta de recursos para que todos pueden ir a la escuela, se privilegia a los chicos»

VictoriaP. A día de hoy queda mucho camino para recorrer con el hambre que sufren muchas personas, en especial niños… ¿Cómo está hoy la situación del hambre allí? ¿Qué secuelas, sociales y personales, deja el hambre?

R. La R.D.Congo es un país muy grande, el segundo más grande de África después de Argelia. Por eso, no puedo hablar de todo el país, sino de la zona en la que estoy. En Kanzenze, que es un poblado, es decir, un área rural, no vemos “morir” a personas de hambre, pero sí vemos y tratamos con muchas personas que no tienen una alimentación adecuada, y eso provoca graves secuelas. Una persona que no se alimenta bien, especialmente entre los 0 y los 5 años (pero también después) tiene importantes retrasos en el desarrollo físico e intelectual; una persona que no come bien es más frágil ante la enfermedad (aquí ,87 de cada 1000 niños mueren antes de cumplir los 5 años)…; el hambre margina a las niñas, porque cuando hay falta de recursos para que todos pueden ir a la escuela, se privilegia a los chicos; el hambre lanza a las niñas a la prostitución… el hambre perpetúa la cadena de la pobreza y deja a las personas en las orillas de la vida, en esas periferias geográficas y existenciales de las que habla el Papa.

P. ¿Qué medidas concretas cree que hay que llevar a cabo para terminar con el hambre en el mundo? (Medidas a nivel personal, a nivel institucional y a nivel mundial)

R. A nivel personal, creo que es muy importante cambiar los hábitos de consumo. Darnos cuenta de que todo está inter-conectado y ver si lo que compro más barato, beneficia o perjudica a los pequeños agricultores, si se consigue gracias a la explotación laboral infantil o a la discriminación de la mujer… Se trata de ver todo eso y de vivir conforme a la realidad que hemos descubierto. Vivir sabiendo que la vida no es para competir, sino para compartir, porque todos somos hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros, miembros de una única familia humana. Y hay personas a las que se les arranca casi toda su dignidad, porque su existencia es una mera lucha por sobrevivir…

A nivel institucional, según los diferentes carismas y vocaciones, estamos llamados a ver qué podemos hacer para que, como dice de nuevo el Papa, “ninguna periferia se vea privada de la luz de Jesús”. La luz de Jesús que lleva al reconocimiento de la dignidad profunda de cada ser humano, algo muy recordado y subrayado por San Juan Pablo II.

A nivel mundial, es muy necesaria la cooperación entre Estados. Partiendo de la filosofía de Maurice Blondel, se trata de vivir el universal concreto, y poner al pobre en el centro, las orillas y márgenes en el punto de mira, y caminar desde ahí.

P. ¿Cómo acogen estas personas que sufren tanto, la Palabra de Dios y el Evangelio? ¿Cómo les transmiten esa fe?

R. En África, Dios es como el aire. Se respira a Dios. Dios, en las culturas bantúes, ya estaba muy presente. La gente tiene una fe profunda… una fe frágil también, porque la miseria hace que las personas sean especialmente vulnerables a los engaños de las sectas, a los vaivenes de las influencias del exterior… pero la gente vive “colgada de Dios”. Es algo muy profundo y muy bello. Mi pueblo sabe orar, y a mí me enseña a hacerlo. África ora con los cantos, con la tierra roja, el color de ébanos, el cansancio, la alegría, el sol…

¿Cómo les transmitimos la fe? A mí la fe me la ha transmitido África, una fe profunda y honda en la Humanidad de Cristo, hecho Hombre porque nos ama. África me ha dado y me da a Jesús. Dicho esto, la fe se transmite en comunidad, pues la Iglesia local tiene ya aquí el rostro del pueblo congoleño, en sus laicos, sacerdotes y religiosos… como misioneras, y vuelvo al Papa Francisco, no se trata de “ocupar espacios”, sino de “generar procesos”, a través de la escucha de la Palabra, de los sacramentos (en especial de la Eucaristía) y del testimonio de una vida coherente con lo que se proclama. Y es muy importante también el diálogo ecuménico.

Algo que me gustaría compartir es la devoción que la gente le tiene a María, “Mama wa Mungu”, la Madre de Dios. Nuestro pueblo ama a María y se confía a ella.

P. La Obra de la Misericordia “Dar de comer al hambriento” cobra especial importancia para las personas africanas a las que usted ayuda. ¿Se ayuda solamente dando de comer o también hay que alimentar el corazón y sanar heridas?

R. El hambre no se combate sólo con comida. Es necesario, como nos recuerda la 57 Campaña de Manos Unidas “Plántale cara al hambre: siembra” que necesitamos sembrar tierra, agua, semillas; capacidades; colaboración dentro del Estado y entre Estados y solidaridad.

P. El Papa Francisco al convocar este Año Jubilar de la Misericordia nos invitó a todos a poner en práctica las Obras de la Misericordia ¿Cómo se puede ayudar desde aquí para “dar de comer al hambriento” de allí?

R. Se puede ayudar, como dice el Papa, brindando una “esperanza concreta”, a base de oración, de interés por lo que sucede en África, y también por compartir recursos económicos y capacidades –por ejemplo, a través del voluntariado.

Quiero compartir la experiencia tan bonita que es para mí habitar también las redes sociales, concretamente Twitter (@ushindi735) y el blog (www.ushindibc.wordpress.com). A través de las redes, mucha gente se lanza a ayudar, porque ve necesidades concretas que puede ayudar a resolver.

Para nosotras, como comunidad y Congregación, es muy bello colaborar con otros. La experiencia del trabajo en equipo y comunión con Manos Unidas es muy buena. La ayuda llega muy bien y es un modo de unir esfuerzos para crear un mundo más justo, humano y fraterno.

(Lourdes Artola – Agencia SIC)

 

 

 

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