Contempla a un Dios que enriquece plenamente al hombre

carlososoroMons. Carlos Osoro        Esta Semana Santa, en todas las manifestaciones que tiene, como la celebración de los grandes misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo o nuestras procesiones por las calles, os invito a que contempléis a un Dios que enriquece plenamente al hombre. Si por un momento yo pudiera llegar a todos los que el Señor me ha pedido que sea su pastor, ¡con qué ganas les diría las mismas palabras que el beato Pablo VI dijo durante el Concilio en uno de sus discursos! Estoy convencido de que son palabras proféticas para este momento que vive la humanidad, que tiene necesidad de encontrar caminos que no cierren al ser humano en sí mismo, sino que le den creatividad, desarrollando todas sus dimensiones y abriéndolo a los demás con el deseo de formar una gran familia en este mundo dividido por tantas causas. Cuántas veces he recordado, por la actualidad que tiene, aquello de «Cristo, nuestro principio; Cristo, nuestro camino y nuestro guía; Cristo, nuestra esperanza y nuestro término. […] Que no se cierna sobre esta reunión otra luz si no es Cristo, luz del mundo; que ninguna otra verdad atraiga nuestros ánimos fuera de las palabras del Señor, nuestro único Maestro; que ninguna otra aspiración nos anime si no es el deseo de serle absolutamente fieles» (Discurso 29-IX-1963).

Siempre me gusta contemplar a la Iglesia al servicio de Dios porque, cuando se sitúa así, necesariamente está al servicio del mundo en los términos de amor y verdad. Esto nos lleva a asumir dos grandes verdades que hemos de tener en cuenta siempre: a) La promoción del desarrollo integral del hombre: Toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre. La Iglesia no es enemiga del hombre; sino al contrario, es amiga entrañable como Dios mismo lo es, de tal manera que ofrece y abre al hombre a la plenitud total. Su tarea, como la de Jesucristo, solamente se manifiesta en régimen de libertad total, sin prohibiciones ni persecuciones, ni reduciendo su presencia a actividades caritativas. Su vida ha de manifestarse en su capacidad de servicio a la promoción total del hombre y de la fraternidad universal. b) La promoción del desarrollo auténtico, es decir, ese que concierne de manera unitaria a la persona en todas sus dimensiones. Urge hacer ver a la humanidad la necesidad de la perspectiva de la vida eterna para no encerrar al ser humano en la historia y expuesto, sin lugar a dudas, a reducirlo al incremento del tener. Hay que mostrar que el ser humano no se desarrolla solamente con sus propias fuerzas, ni siquiera se le puede dar el desarrollo desde fuera. El desarrollo auténtico exige una visión trascendente de la persona; necesita de Dios, pues sin Él se niega el desarrollo o se le deja solamente en manos del hombre que a la larga lo deshumaniza.

La vida de todo ser humano es una vocación, estamos llamados a promover nuestro progreso. Decir que todo hombre es una vocación nos hace reconocer que este nace de una llamada trascendente, que no puede descubrir su significado por sí y desde sí mismo. De tal manera que el humanismo verdadero nos abre necesariamente a Dios para descubrir la idea verdadera de la vida humana: su libertad, su verdad y su caridad. Seamos capaces de afirmar sin miedos el valor incondicional de toda persona humana y el sentido de su crecimiento. La verdad del desarrollo hay que entenderla en su totalidad: todo el hombre y todos los hombres. De ahí el compromiso de la Iglesia en su misión, viviendo el mandato del Señor: «Id por el mundo y anunciad el Evangelio a todos los hombres».

Permanezcamos firmes en la comunión vital con Cristo. En esta Semana Santa, recordad que el Bautismo fue la primera y fundamental relación vital entre la Pascua del Señor y nuestra Pascua. ¡Qué maravilla descubrir la transfusión del misterio de la muerte y resurrección de Cristo a sus seguidores en el Bautismo! ¡Qué fuerza tiene en nuestra vida descubrir cómo el Bautismo nos introduce en la relación de comunión con Cristo! Revestidos de Cristo, entramos en comunión vital con Él y le pertenecemos. En esta Semana Santa, Jueves Santo, Viernes Santo y Pascua, descubrid estas realidades:

1. La riqueza que nos trae Jesucristo: Existe en nuestra cultura la tentación de «robar a Dios» y quitarlo del corazón de los hombres. Esto no da más libertad, al contrario, implanta dictaduras de estilos diversos y otros como nosotros se convierten en dios. ¿Por qué el pueblo descubre en Jesús al verdadero Rey? Viene de otra manera, utiliza otras fuerzas y su estrategia es amar incondicionalmente al hombre y darle pleno desarrollo. Por eso, el pueblo, cuando reconoce a Jesús, se echa a la calle. El Dios que se ha acercado a nosotros lo hace de tal manera que se ha confundido entre nosotros. Es el Dios que trae la fraternidad, la paz, la reconciliación, la verdad del hombre y la verdad de Dios. El Domingo de Ramos, descubríamos cómo entró en Jerusalén en un borrico que nadie había montado. ¿Qué significa esto? Frente al caballo, símbolo de la fuerza de los poderosos utilizado para hacer la guerra entre los hombres, el borrico representa la mansedumbre, la paz. La señal de su fuerza y poder es la humildad, el no tener afán de poseer y dominar. El detalle de que nadie lo había montado es la manifestación de que Él viene sin la fuerza de la violencia, sin imposiciones; viene a ofrecernos la paz y a abrir un camino de amor y de comunión entre todos los hombres.

2. La alegría que engendra en la vida de todo ser humano: ¡Cuántas esperanzas despierta Jesús en el corazón de aquellos que salieron a recibirlo en Jerusalén! Eran gentes sencillas, humildes, con necesidad de fiesta, alabanza, bendición y paz. Jesús despierta alegría en el corazón de quienes llegan a conocerlo, de quienes lo contemplan. Sabe comprender las miserias humanas, se inclina siempre a todos los hombres para curar y sanar, muestra su rostro misericordioso. Mira a todos los hombres, nos hace ver todas las enfermedades que padecemos. Nunca dejemos que la tristeza invada nuestras vidas. Nunca nos dejemos atrapar por el desánimo. La alegría verdadera no nace de tener cosas, nace de habernos encontrado con la persona de Jesús, de saber que Él nunca nos abandona, que con Él nunca estamos solos, que camina con nosotros siempre.

3. El arma que nos entrega para cambiar este mundo es su Amor: Atrevámonos a acoger este Amor. Es el Amor mismo de Dios, que Él nos regala, lo mete en nuestro corazón. Él es insultado, ultrajado, azotado, muere en la Cruz. En todo esto es donde resplandece el arma que Él utiliza y que nos regala. Solamente hace falta que abramos nuestra vida entera para vivir con su Amor y desde su Amor. ¡Cuántas heridas afligen a los hombres y a la humanidad! Guerras, violencias, descartes, indiferencias, desencuentros, conflictos económicos que abaten a los más débiles, hambre de dinero a costa de lo que fuere, esclavitudes diversas que matan la dignidad del ser humano… Jesús lo derrota todo, hasta la muerte. Y lo hace con la fuerza de su Amor. Lo derrota todo con su Resurrección.
Acojamos siempre ese tesoro y esa riqueza que es Jesucristo. Tengamos el atrevimiento de encontrarnos con Él para saber dónde está la fuente de la alegría. Utilicemos el arma de su Amor.

Con gran afecto, os bendice,

+ Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.