Vivamos en el espíritu del Resucitado

mons Fidel HerraezMons. Fidel Herráez           Recibid hoy, en primer lugar, mi saludo y felicitación pascual con el deseo de que la alegría y la paz del Señor Resucitado esté en vuestros corazones, en vuestras familias, en vuestros trabajos, en vuestra vida.

“Este es el día en el que actuó el Señor. Sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Estas palabras  del Salmo 136, que  hemos cantado  en la vigilia pascual, las  repetiremos frecuentemente a lo largo de las próximas  semanas.  Expresan de modo magnífico lo que estamos celebrando:  el Dios  Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu, han manifestado en la resurrección de Jesús hasta dónde llega su amor y todo el alcance de su misericordia. Ahí tiene sus raíces el contenido de nuestra fe y de nuestra espiritualidad: el amor es  más fuerte que la muerte, la generosidad  es capaz de perdonar el pecado, la esperanza desborda nuestras decepciones y abatimientos, la dignidad de cada ser humano queda reafirmada y revalorizada contra quienes la pervierten y la manipulan…

La celebración de la Pascua regala al cristiano una alegría que brota del corazón mismo de la Trinidad. Gracias a la acción del Espíritu la Iglesia ha vivido desde sus orígenes de esta convicción y de este  gozo: Jesús vive, nos acompaña, nos  convoca, nos sostiene y nos envía.  El Resucitado es el Viviente y por eso podemos tener también nosotros un encuentro personal con él. Es ese encuentro, repetido a lo largo de generaciones, lo que hace posible cada día la existencia de la Iglesia, de cada una de nuestras comunidades cristianas.

Es el mensaje que proclamó el Papa Benedicto XVI desde el inicio de su primera encíclica, que llevaba como título precisamente Dios  es  amor: no se comienza a ser cristiano por  una decisión ética o aceptar  una  gran idea sino por el encuentro con una Persona, con un acontecimiento que da un nuevo horizonte a la vida en virtud de la alegría de saberse amado hasta ese extremo. Esa alegría en Dios, añadía, se convierte en la felicidad esencial del creyente.

Ese encuentro personal debe determinar la vida de cada cristiano, de cada comunidad cristiana,  de cada diócesis. Pero no podemos darlo por descontado. Nos amenaza siempre la rutina, la indiferencia, la decepción. Es el Espíritu del Resucitado el que debe recordarnos a cada uno de nosotros  lo que el ángel  decía a las mujeres que fueron a visitar el sepulcro según nos cuenta el evangelio de la vigilia pascual: ¿Por qué buscáis en el sepulcro al que está vivo? El Espíritu es quien nos devuelve el sabor del júbilo pascual,  el optimismo y la esperanza, cuando sabemos desprendernos de lo caduco, de lo que queda atrás, de lo que no es fuente de vida. Deberíamos pensar  cuántas veces buscamos la vida entre las cosas muertas,  en una existencia sin horizontes amplios, en una biografía sin proyectos de futuro, en un egoísmo que nos impide salir al encuentro con los demás.

También nosotros como diócesis de Burgos, como Iglesia concreta, debemos dejarnos renovar siguiendo al Resucitado y a su Espíritu que van siempre delante de nosotros. Con esa intención durante este tiempo pascual iniciaré -como ya os he informado- mi visita pastoral,  celebraremos la beatificación de mártires burgaleses, muchas parroquias y  grupos apostólicos seguirán realizando gestos de misericordia, iremos elaborando el proyecto pastoral que nos unirá y convocará durante  los próximos años…

La experiencia pascual no existe en abstracto, como algo individual o intimista. Debe transformar las actitudes y los compromisos. Somos hombres y mujeres de resurrección, no de muerte o de resignación.  Aprendamos  a  vivir nuestra existencia, en solidaridad con los afanes de la Iglesia y del mundo entero, a  la luz de esta mañana de Pascua, de este alborear de la Vida nueva. No debemos privar al mundo del testimonio sincero y del  anuncio  del Resucitado.

Jesús no está en el sepulcro. Es el Resucitado,  el que con su Espíritu sigue renovando su Cuerpo, que es la Iglesia, que somos nosotros, para que sigamos avanzando por los caminos de una evangelización siempre nueva. Y nosotros estamos llamados a anunciar con obras y palabras la alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.

 

 

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.