Bendito sea Dios, Alabado sea Dios ¡Aleluya!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora           Expresión, cántico, grito,comunicación. ¡Tantos matices puede contener la palabra «Aleluya»! Podemos decir que es la palabra que nos remite a la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, y que libera en el católico la alegría más grande, que nada ni nadie puede provocar si se ha sentido antes la experiencia de ver al Hijo de Dios perseguido, juzgado, apaleado, ultrajado, llevado al patíbulo de la cruz y muerto en ella, como se encargó de certificar el soldado romano con su aparentemente innecesaria e inútil lanzada, que abrió el corazón de Jesucristo para todos los humanos  de todos los tiempos.

Aleluya es palabra que mejor es dejar en el lenguaje original hebreo, pues, traducirla, es limitar su contenido. Nos aproximamos a ella con expresiones como «Alabado sea Dios», «Bendito sea Dios» … dicho esto con ganas de que todo el mundo alrededor sienta lo que siente el que la dice o grita desde muy dentro de su ser, de su experiencia, para invitar a todos a participar de ese conocimiento profundo que es la  fe.

Quien se ha encontrado personalmente con Jesucristo tiene necesidad de decirlo, de comunicarlo y, con tal urgencia, que le faltan las palabras, por eso grita «aleluya». A media noche, cuando se supone que arranca el día y comienza el horario que marca la «Luz de Cristo», en la Vigilia Pascual la Iglesia pone en boca del sacerdote un triple aleluya. En la vida parece que repetir tres veces la misma cosa es cargarse de razón, asegurar la veracidad más contundente. ¡Y, sin embargo, hay muchos que todavía no creen!

Parecería que lo más propiamente humano es la pasión, se “com–padece”, (ahora emplean mucho esta palabra en los medios de comunicación para decir que una cosa lleva a la otra). Sí, se compadece con «lo que está pasando» lo que padece la Humanidad a todos los niveles individuales y colectivos. Sin embargo, decimos: ¡Aleluya! Hay una diferencia esencial entre la experiencia de sufrimiento y de dolor, de marginación y de exclusión, de padecimientos buscados e injustos, con la pasión y muerte de Jesucristo: y es que, en Jesucristo, hay salida y salida de triunfo, nada más y nada menos, que sobre esa palabra que, para muchos, es final: la muerte.

No revivió el Señor para volver a morir.  resucitó, vive para siempre y en Él. Esa es nuestra alegría, nuestra esperanza, nuestra salvación, todos estamos llamados a resucitar. Sí, ¡alabado sea Dios!, ¡bendito sea! Si hay que pasar por lo que nos merecemos los humanos cuando nos castigamos unos a otros injustamente o por accidente, cuando nos machacamos la vida con los excesos, cuando violamos fama e intimidad de las personas, debemos gritar ¡ a l e l u y a ! Dios en su respeto a nuestras voluntades libres no nos ha abandonado a nuestra suerte, sino que se hizo hombre, se metió de lleno en la espesura de la Historia humana y resucitó, venció esa fuerza que se nos había antojado fatal.

Decimos ¡aleluya! y lo hacemos verdaderamente comprometidos con esos padecimientos propios y ajenos, con los que se producen en el seno de la Iglesia misma y con los que se provocan nuestros conciudadanos, somos conscientes de que así llevamos vida y verdad, invitando a todos a entrar por el camino que es la persona de Jesucristo Resucitado de entre los muertos. «A la V ctima pascual ofrezcan alabanzas los cristianos. El Cordero redimió a las ovejas: Cristo inocente reconcilió a los pecadores con el Padre. La muerte y la vida se enfrentaron en lucha singular. El dueño de la vida, que había muerto, reina vivo», decimos en la Secuencia de Pascua. Vuestro obispo,

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.