«Venimos de lejos», saludo de Mons. Joan – Enric Vivesen el XIII aniversario de la Constitución Andorrana

joanenricvivesDesde 1993, la fecha del 14 de marzo viene enmarcada en nuestros calendarios personales y nacional como un día histórico y emotivo, el Día de la Constitución. Es la fecha en que el pueblo andorrano referendó una Constitución democrática. Había sido aprobada el 2 de febrero de 1993 y recibió la ratificación del pueblo andorrano mediante un referéndum el día 14 de marzo de 1993, y entró en vigor el día de su publicación en el Boletín Oficial del Principado de Andorra el 28 de abril 1993. Ya hace veintitrés tres, por tanto, y vamos adelante haciendo camino, madurando, acompañando y acompasando el camino de nuestro Pueblo, antiguo y siempre nuevo. Venimos de lejos y la Constitución de 1993 supo reconocer nuestras raíces y las mejores tradiciones que nos habían forjado, redactando un texto donde las necesidades del momento histórico presente y la pluralidad tuvieran cabida, al tiempo que las propuestas de futuro no estuvieran excluidas o cerradas.

Nuestra Constitución está aprobada soberanamente por el pueblo andorrano, por una decisión de «perseverar en la promoción de valores como la libertad, la justicia, la democracia y el progreso social, y mantener y fortalecer unas relaciones armónicas de Andorra con el resto del mundo, y especialmente con los países vecinos, sobre la base del respeto mutuo, de la convivencia y de la paz», según se dice en su Preámbulo explicativo.

Yendo a los orígenes, la tradición constitucionalista remite a Stephen Langton (1150-1228) teólogo, cardenal y arzobispo de Canterbury, el cual ante las arbitrariedades del rey de Inglaterra Juan I, Sin Tierra, Lackland, reunió en 1215 los nobles en Runnymede (Surrey), y redactaron la «Carta Magna», firmada después por el rey, y que constituye uno de los antecedentes de los regímenes políticos modernos, en los que el monarca o el presidente ve acotados o limitados por un consejo, senado, congreso, parlamento o asamblea, su poder. También en Hungría, en León, en Cataluña, contemporáneamente o incluso antes, según algunos defienden, y algo más tarde en Andorra, encontramos Consejos generales o Parlamentos o Cortes, que con leyes escritas fundamentan y regulan la vida de la nación, y la fecundan en los grandes ideales de democracia, limitación del poder, igualdad, solidaridad y libertad.

Invariable durante muchos siglos, desde el primer Pareatge de 1278 hasta la Constitución de 1993, el Principado de Andorra con dos Copríncipes por Jefe de Estado había atravesado los siglos. Se hacía necesaria una Carta Magna o Constitución democrática que, desde el genio del pueblo andorrano, fundamentara en su más alto nivel la vida del país y de sus ciudadanos, sin tutelas o rebaja de responsabilidades. Y así nació un proceso constituyente, que culminó con el texto que hoy festejamos, ya que fue refrendado el 14 de marzo de 1993.

Hoy podemos estar orgullosos de nuestra Ley fundamental, y ley de leyes. Es exponente de un gran momento de «encuentro» entre Pueblo y Copríncipes, Comunes y Gobiernos, instituciones y ciudadanos, nacionales y extranjeros legalmente residentes, soberanía propia y apertura a las otras naciones, encuentro fecundo de derechos y de deberes para todos … que debe continuar inspirándonos hoy. Conozcamos la Constitución del Pueblo Andorrano, apliquémosla con sensatez, defendámosla porque fija y promueve los derechos de todos los andorranos. No debería ser cuestión de interés para políticos, juristas o gente ilustrada, tan sólo, sino de todos los andorranos, ya que a todos afecta, y entre todos vamos construyendo el país, como una casa común de libertad, igualdad y bienestar, respetando la legítima pluralidad de creencias e ideas, y siempre creciendo como sociedad, fortaleciendo nuestra democracia.

Es con este espíritu de cooperación y amor a nuestro querido país, encomendándose a la Virgen de Meritxell, que os deseo a todos un feliz Día de la Constitución Andorrana, con el anhelo -como dice el Preámbulo de la Constitución- «que el lema ‘virtus, unita, Fortior’, que ha presidido el camino pacífico de Andorra a través de más de setecientos años de historia, siga siendo una divisa plenamente vigente y oriente siempre las actuaciones de los andorranos».

+ Joan-Enric Vives
Arzobispo de Urgell y Copríncipe de Andorra

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