Peregrinaciones oscenses al Castillo de Javier

Huesca javieradaUnos 80 peregrinos, entre ellos 25 niños y niñas, participaron en la XXXV edición de la Javierada salesiana, que se desarrolló del 3 al 5 de marzo. Antonio Rico, unos de los organizadores y peregrinos, explica que partieron con “ilusión y con dudas respecto a poder terminar con éxito el objetivo”. La gripe y otras causas produjeron bajas de última hora, pero, según subraya Antonio Rico, una de las ausencias más notables fue la de Jesús Ros, precursor de esta iniciativa, que por su nuevo destino en la Patagonia Argentina, faltó a la peregrinación, por primera vez. Al concluir las despedidas, la oración, la bendición y con el estandarte pintado por Luis Toro, uno de los peregrinos, pusieron rumbo hacia la meta de su primera etapa, Ayerbe.

La segunda jornada comenzó en la puerta del Ayuntamiento de Ayerbe, donde realizaron las oraciones y a las 4:30 de la mañana, emprendieron camino bajo la luz de la luna y las linternas. Antonio Rico recuerda su paso por Murillo como agradable y donde la iluminación llegaba hasta los Mallos, marcando el perfil del Firé y Pisón. Nieve, aunque menos que en otras ocasiones, sol, frío, subidas y bajadas, ánimos y desánimos, surgieron conforme pasaban las horas y los kilómetros. Antonio relata que durante todo el trayecto hay momentos de oración, de disfrutar del paisaje y de la compañía e incluso tiempo para recordar a los Javieres fallecidos. Finalmente, a las 6 de la tarde, llegaron a su segundo objetivo, Longás.

Como cada día, la tercera jornada se inició después de la oración y la acción de gracias, en este caso, en la Iglesia restaurada de Santa María. Tras la foto de recuerdo, retomaron su peregrinación, pasando por Navardúm hasta llegar al canal de las Bardenas. Allí, en el límite de las provincias, celebraron el rito del ajo, símbolo de purificación, en el que cada peregrino recibe un trozo de ajo y pan. A dos kilómetros del destino hicieron su último esfuerzo para llegar corriendo, como promesa, hasta el cartel de la localidad de Javier. Sólo se veían “caras de alegría, novatos y veteranos, no hay diferencia en los rostros. Lágrimas, abrazos, enhorabuenas por el logro conseguido”, confiesa Antonio Rico.

El último día, algunos de los peregrinos oscenses rezaron el Via Crucis desde Sangüesa. Luego se encontraron con ellos y entraron todos juntos en la explanada del castillo, junto a la imagen de San Francisco Javier que la preside, donde comenzó la Misa.

Otra de las citas importantes que se realizan en este entorno del castillo es la Javierada Juvenil, en la que un grupo de jóvenes de Huesca, acompañados por el obispo oscense, Mons. Julián Ruiz Martorell, participaron en este encuentro, que volvió a reunir a más de 10:000 jóvenes de toda España. Los peregrinos oscenses comenzaron su ruta en Liédena hasta Sangüesa (5 km.) y continuaron hasta llegar a Javier (8 km.), teniendo presente todo el camino el Año de la Misericordia. En la explanada del Castillo de Javier, a las cinco de la tarde, se celebró la tradicional y multitudinaria Eucaristía, que puso fin al encuentro.

(Diócesis de Huesca)

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