La misericordia resplandece en la cruz de Cristo

Tortosa Obispo Enrique BenaventMons. Enrique Benavent           Un año más nos disponemos a celebrar la Semana Santa. Con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor empezamos unos días especialmente significativos en el calendario cristiano. La celebración de este año, en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia, constituye una invitación a contemplar al Crucificado con ojos de fe y amor, y a descubrir en la Cruz la revelación más grande de la misericordia de Dios.

Los cristianos no podemos olvidar que la misericordia es el signo de una religiosidad auténtica (Mt 9,13). Por ello, no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno ni mirar con desprecio a los pobres y desamparados, porque sabemos que en el corazón de Dios son los que ocupan el primer lugar.

Tener misericordia de los demás implica también perdonar las ofensas. Dios tiene piedad del pecador porque perdona su pecado, porque está siempre dispuesto a la misericordia y al perdón aún cuando justamente nos podría castigar.

En el Crucificado brilla la misericordia de Dios hacia quienes sufren, porque el Hijo ha cargado con el sufrimiento del mundo y lo ha hecho suyo. No hay ningún dolor humano que Jesús no haya experimentado. En la Cruz se ha hecho solidario con todo el dolor de la humanidad.

En el Crucificado brilla la misericordia de Dios como perdón del pecado del mundo. El que podía castigarnos por nuestros pecados, acepta el castigo injusto; el que podía condenarnos por la injusticia que los hombres hemos cometido al crucificar a quien había pasado haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, desde la Cruz pide al Padre el perdón para sus perseguidores. Cristo ha tenido misericordia de nosotros porque además de suplicar el perdón para sus verdugos, los ha excusado: “no saben lo que hacen”. Mientras que los hombres buscamos motivos para acusarnos los unos en los otros, Cristo busca en la Cruz razones para excusarnos y, de este modo, poder perdonarnos.

Vivimos en un mundo que fomenta muchas veces en la relación entre las personas actitudes despiadadas, sentimientos de venganza, y pierde la capacidad de perdonar. En lugar de buscar caminos para ayudarnos mutuamente a avanzar, buscamos motivos para acusarnos los unos a los otros. En lugar de perdonar a quien nos ofende, buscamos el momento para devolver la ofensa.

En el himno de la carta a los Filipenses que se proclama en la liturgia del Domingo de Ramos, se nos invita a tener los mismos sentimientos de Cristo (Fl 2, 5). Esto significa pedir a Dios que nos dé un corazón capaz de apiadarse de los que sufren y de perdonar a quienes nos ofenden. Este es el camino para que el mundo encuentre la salvación.

Que estos sean unos días de gracia para quienes nos sabemos necesitados del amor de Dios. Pidamos al Señor que tenga piedad de nosotros. Quien contempla en el Crucificado la grandeza de la misericordia que hay en su corazón y en el corazón del Padre, no puede hacer otra cosa que reconocer su pobreza y la necesidad de recibir el perdón de Dios.

Que sean unos días de gracia para todos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.