Entrada del Señor en Jerusalén

mons_martorellMons. Julián Ruiz Martorell           Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

El Domingo de Ramos es como un fragmento que se abre a la eternidad, como un rayo de luz en medio de un largo recorrido. El Domingo de Ramos no es un signo vacío, ni un simple recuerdo de un acontecimiento del pasado. Es el gran pórtico de la Semana Santa. Es un punto de partida, una porción de tiempo que dirige nuestra mirada hacia Cristo y con Cristo.  Salimos gozosos al encuentro del Señor. Nos alegramos de recibirle. Le preparamos una cálida acogida. Disponemos nuestros corazones para estar junto a Él. Le reconocemos como nuestro Señor y nuestro Dios. Él ha recorrido los senderos de nuestra historia acercándose a nuestras fatigas y compartiendo nuestros dolores. Hemos escuchado con avidez sus palabras de vida eterna. Con Él hemos visto brotar la vida. Él sana nuestras heridas y nos cura de nuestras enfermedades, especialmente de aquellas más profundas y escondidas, como pueden ser el desánimo y la desilusión. Él nos da nuevo aliento, y en su presencia amanece constantemente un nuevo día cuajado de esperanza. Él abre para nosotros un futuro renovado.  Hoy alzamos nuestros ramos en honor de Cristo. Le acompañamos aclamándolo con cantos y le pedimos que nos conceda entrar en la Jerusalén del cielo. Sabemos que reconocerle hoy entre júbilo y alabanzas nos compromete a caminar tras sus pasos en los momentos determinantes de la pasión. Queremos hacerle compañía cuando todos le abandonen, cuando experimente el dolor físico de los latigazos, la ignominia del desprecio y el sufrimiento de la soledad.  Llegará un momento en que lo contemplaremos como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza, sin aspecto atrayente, despreciado y evitado. Se presentará ante nosotros como hombre acostumbrado a sufrimientos. Él aguantará nuestros dolores, será traspasado por nuestras rebeliones y triturado por nuestros crímenes.

Queremos seguir reconociéndole cuando lo veamos desfigurado y maltratado, cuando pronuncien contra Él palabras injuriosas y se haga definitiva la sentencia condenatoria. Queremos que no se extinga el eco de nuestros vítores, y que las palmas y los ramos de olivo no se caigan de nuestras manos en una precipitada huida.

Deseamos seguir oyendo su voz cuando se haga oración profunda, casi imperceptible, en sus labios extenuados. Queremos continuar confiando en Él, porque sabemos que solamente Él es el camino, la verdad y la vida. Su sendero ha de ser transitado por nosotros, en un recorrido que es camino hacia la cruz. La verdad es su misma persona, sus obras, sus milagros, sus palabras, su dolor. Sólo Él tiene palabras de verdad y de vida. Junto a Él descubrimos el sentido del vivir. Él da coherencia a nuestras decisiones y otorga consistencia a nuestra esperanza.

Señor Jesús, varón de dolores, hoy te invocamos diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Seguimos tus huellas para acompañarte en tu pasión de amor y tu muerte. Y, en la meta de nuestra peregrinación, te reconoceremos como Señor Resucitado.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.