Por el Seminario, junto a los seminaristas

mons_martorellMons. Julián Ruiz Martorell          Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

El Día del Seminario nos invita a sentir gratitud y reconocimiento por el Seminario porque sabemos que su labor es imprescindible. El Seminario asegura la formación de los seminaristas, en todas sus dimensiones: humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria.

En el Seminario se establecen las bases y se entrelazan los vínculos de la futura fraternidad entre los sacerdotes. El sacerdote nunca es un sujeto aislado, sino un miembro de un presbiterio, una comunidad de discípulos de Jesús que han sido llamados para estar con Él, han sido elegidos por amor, y son enviados como testigos del evangelio de la misericordia, para anunciar con alegría la Buena Noticia que el mundo espera y necesita.

Los seminaristas contribuyen, entre todos, a crear un clima de aprecio recíproco, de comprensión, de ayuda, de estímulo, de respeto y colaboración. Cada uno de los seminaristas posee unas cualidades peculiares que pone a disposición de los demás, para crecer en un ambiente de armonía, de tal modo que los rasgos de unos se complementan con los de otros.

El Seminario debe ser conocido, valorado, apoyado. Se necesita la oración intensa de toda la comunidad diocesana para que los seminaristas puedan llegar a ser pastores según el corazón del Padre y discípulos evangelizadores de Jesucristo, para que secunden la acción del Espíritu Santo en su interior; para que amen y sirvan a la Iglesia con afecto sincero; para que escuchen con docilidad la Palabra de Dios, de modo que nunca sean predicadores vacíos que no abren sus oídos por dentro; para que tengan un corazón transparente; para que vivan las bienaventuranzas; para que sean sencillos, austeros, humildes y disponibles; para que sepan estar junto a los más necesitados.

Es preciso seguir rezando para que los jóvenes de nuestras parroquias, grupos, movimientos, asociaciones, cofradías y hermandades respondan, con ánimo decidido y generoso, a la llamada insistente del Señor, que mira a cada uno con amor misericordioso y lo elige y capacita para una vida apasionante y una gozosa misión.

Los seminaristas tienen experiencia de reconciliación, porque van modelando sus corazones con el signo de la misericordia, la compasión, la comprensión y el amor. De esta manera se preparan para ser “Enviados a reconciliar”, como dice el lema de la campaña de este año. Son testigos de que Dios aguarda con los brazos abiertos a los que se acercan a Él, conscientes de su fragilidad y de su pecado, para estrecharlos con misericordia.

También es necesario hacer un renovado llamamiento a la colaboración económica. La generosidad de muchas personas hace posible que el proyecto formativo vaya adelante cada año. Damos gracias a quienes, en la medida de sus posibilidades, contribuyen, con su aportación personal, al mantenimiento del edificio y a la vida cotidiana de las piedras vivas que configuran su sentido: los seminaristas, regalo del Señor, presente y futuro de nuestra Iglesia.

A la Virgen María, Reina y Madre de misericordia, que correspondió como nadie a la vocación de Dios, y que con su ejemplo e intercesión sigue acompañando el desarrollo de las vocaciones en la Iglesia, encomendamos la vida y misión de nuestros seminaristas, de sus formadores y profesores.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

 

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.