Enviados a reconciliar

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez       Queridos diocesanos:

Cada año en el entorno de la fiesta de San José nuestra mirada se dirige con especial solicitud al Seminario y a las vocaciones sacerdotales. En esta ocasión, la inminencia de la Semana Santa -el 19 de marzo es ya víspera del Domingo de Ramos- aconseja adelantar la celebración del Día del Seminario al fin de semana anterior.

El lema de este año, “Enviados a reconciliar”, y el cartel que lo ilustra nos invitan a valorar y agradecer uno de los ministerios más hermosos y necesarios del sacerdote. En efecto, los sacerdotes son, muy principalmente, ministros de la reconciliación: su vida ha sido expropiada al servicio de la auténtica pacificación de las personas, las familias y las sociedades, necesidad siempre apremiante. Y es que nuestro mundo, agitado por graves conflictos, vive dramáticamente la nostalgia de la comunión perdida, pero se ve incapaz de solucionar y ni siquiera de entender el origen profundo de sus males: “paz, paz y no hay paz… Se espera la paz y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación” advertían los antiguos profetas de Israel (Jr 8,11; 14,19).

También hoy nos encontramos con que las proclamas grandilocuentes del “Nuevo Orden Mundial” en favor de la unidad entre los pueblos, la paz y la tolerancia, desembocan en un lamentable fracaso; más aún, es frecuentemente esta ideología materialista y totalitaria la que más empuja en la dirección de la discordia. El Concilio Vaticano II, siguiendo siempre la profunda sabiduría del Evangelio, nos recordó que los males de la humanidad, lejos de ser heridas superficiales, brotan de una ruptura -la del pecado- que está en lo más hondo del corazón humano: “Los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad.” (GS 10).

Precisamente a la sanación y restauración del corazón humano, tarea urgente y al mismo tiempo imposible para las solas fuerzas humanas, se dirige la gran obra de la reconciliación que nos ofrece Cristo en su Iglesia: reconciliación del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y de los hombres entre sí. Esta pacificación que trae Jesucristo, en quien “Dios estaba reconciliando al mundo consigo” (2 Cor 5,19), se realiza por la predicación del Evangelio, por el testimonio de la caridad y de modo eminente por el sacramento del perdón. Por eso, en este Año de la Misericordia, el papa Francisco incide en la necesidad de ofrecer con generosidad este perdón sacramental: “Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia” (Misericordiae vultus, 17).

¿Cómo gustaremos la misericordia de nuestro Dios, el gozo de la unidad, si no tenemos sacerdotes que nos la hagan presente? Ante el Día del Seminario os invito a apoyar al Seminario y a redoblar vuestras oraciones en favor de las vocaciones sacerdotales repitiendo con insistencia ante el Señor a modo de jaculatoria: “Para que no falten ministros del sacramento del perdón, ¡envía obreros a tu mies!”.

+ Francisco Pérez  González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).