Dos seminaristas hablan de “gratitud” y “servicio” en el día de su ordenación diaconal

Zaragoza Roberto-aguado-1El Día del Seminario que  se ha celebrado el domingo 13 de marzo y que se enmarca dentro del Año de la Misericordia lleva por lema ‘Enviados a reconciliar’. Han sido muchos los actos que la diócesis de Zaragoza ha organizado con motivo de este gran día dedicado a los futuros sacerdotes, a la vocación, una realidad en la que todo el pueblo cristiano debe involucrarse, como recalcó el arzobispo de Zaragoza Mons. Vicente Jiménez Zamora en su última carta pastoral. Jornada de puertas abiertas, conciertos, testimonios, vídeos y para terminar, el plato fuerte, la ordenación diaconal de dos seminaristas de esta diócesis, la de Antonio Moreno y Roberto Aguado, que tenía lugar el mismo domingo 13 de marzo a las 17:00 horas en la parroquia de San Miguel de los Navarros. La publicación diocesana Iglesia en Zaragoza les hizo unas preguntas en vísperas de su ordenación.

Se acerca vuestra ordenación diaconal. ¿Qué sentís en un momen to como este?

Antonio: Inmenso agradecimiento a Dios por su llamada y a quienes me han ayudado a dar el sí al Señor: mi familia, mis amigos, los Escolapios con los que me formé, la Iglesia local, mis compañeros del mundo de la educación, mis alumnos y alumnas…

Roberto: Doy gracias a Dios, que me ha guiado hasta aquí y me concede estar acompañado de quienes más me han querido y más me han ayudado. Seré ordenado en la parroquia de mis padres. Hace muchos años, ellos me trajeron a la misma parroquia a bautizar, ahora ellos me pondrán la estola y la dalmática de diácono. Estará a mi alrededor toda mi familia, incluidas una sobrinita que acaba de nacer, y otra que está en camino.

¿Qué mayor alegría que poder bautizarlas dentro de poco? Se trata de un diaconado transitorio…

Antonio: Técnicamente, sí. Porque supone el primer nivel en el sacramento del orden y –con la ayuda de Dios- seremos ordenados presbíteros en unos meses. Pero los diáconos somos la expresión más visible de una Iglesia servidora de los pobres. Esta actitud de servicio nos incumbe a todos los bautizados y no tiene carácter provisional.

Roberto: El diácono no deja de ser diácono cuando se ordena sacerdote. En griego, diácono significa servidor. Deseo ser diácono siempre, más aún cuando sea sacerdote. ¿Cómo fue su ‘dejarlo todo para ser sacerdote’?

Antonio: Dios llama como quiere y cuando quiere pero, casi siempre, lo hace a través de mediaciones, de hechos o personas que hacen saltar las alarmas y te obligan a discernir y decidir. Y hubo un momento concreto en el que sentí que el Señor me pedía una entrega generosa para ser testigo suyo de una forma especial en medio del mundo.

Roberto: No he dejado nada en comparación con lo que he ganado.

¿Se puede suscitar la vocación o Dios llama de cualquier manera?

Antonio: Si un niño o un joven crece en un entorno de servicio, interioridad, compartir… va a tener más posibilidades de escuchar que Dios le llama. La familia y la parroquia son el primer seminario.

Roberto: La vocación no se suscita, simplemente se capta, como se capta la señal de la televisión: basta sintonizar, y evitar interferencias. Se sintoniza en la oración, y también cuando afrontamos la vida con realismo y con sentido de fe, porque Dios nos llama a través de los acontecimientos.

(Iglesia en Zarazoga)

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