Día del Seminario 2016: Enviados a reconciliar

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano            El día del seminario, en este Jubileo extraordinario de la Misericordia, viene enmarcado por un sugerente lema: “enviados a reconciliar”. En efecto, los sacerdotes son enviados a reconciliar porque son ministros de la Misericordia de Dios en el nombre de Cristo Jesús.

Dos son las grandes áreas en la que la Iglesia practica la mise ricordia: la acogida a los pecadores y la presencia afectiva y efectiva junto a los necesitados. La mentalidad contemporánea es sensible a la misericordia para con los desvalidos. Pero ¿lo es tanto en el ejercicio de la misericordia para con los pecadores? El pecado se ha desdibujado del mapa de intereses de nuestro entorno: se ha diluido el pecado y a veces, incluso, enaltecido al pecador. Para Jesús el pecado es una tragedia que degrada al ser humano al separarlo de Dios y despojarlo de su condición de hijo. Y tiene una repercusión social en toda la comunidad. El pecado deja tras de sí una situación personal y social que degenera la realidad y daña y envilece a la persona pecadora y a sus víctimas. Jesús se revela ante el pecado y quiere erradicarlo. Ante el pecador se inclina, le acoge y perdona. Esa actitud Jesús la sigue actualizando en la historia, a través del perdón que recibimos de las manos de nuestros sacerdotes. En la oración para el Jubileo de la Misericordia preparada por el Papa Francisco rezamos: «Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios». Sí, el sacerdote es un amigo del Señor llamado a continuar su misión: construir el Reino de Dios. Como el Maestro, el discípulo sabe que su misión se vuelca hacia los más necesitados, para brindarles «la primera misericordia de Dios» y hacia los pecadores, para invitarlos a que inicien el camino de vuelta a la casa del Padre.

Dios, que es amor (1 Jn. 4,8), no puede dejar de amar, como el fuego no puede dejar de quemar. Dios es eternamente fiel en su amor hacia su creatura, el ser humano: lo sigue amando, incluso cuando éste, abusando de su libertad, que le fue dada para amar, ser amado y hacer el bien, en lugar de responder con su amor al amor de Dios, lo rechaza con su pecado, y así rompe la comunión y la armonía con Dios, con los demás y con toda la creación. A pesar de este alejamiento y rechazo por parte del hombre, Dios permanece fiel a su amor: Dios es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad; está siempre dispuesto al perdón, ofrece siempre la reconciliación. Pero sólo Dios puede perdonar los pecados. Jesús, el Hijo de Dios, perdonó los pecados y transmitió esta potestad a personas bien concretas: los apóstoles y sus sucesores. Como todos los sacramentos son actos de Jesucristo y encuentro con Él, es necesario, por designio de su voluntad, que para la reconci liación tengamos que contar con alguien que actualice a Jesucristo con su presencia. Y ese alguien son los obispos y los sacerdotes, que actúan en la persona de Cristo y de la Iglesia. En el confesor, Jesús mismo sale a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón y la reconciliación.

Esa necesidad de perdón sacramental nos ayuda a valorar el don del ministerio sacerdotal. En el fondo, todos estamos necesitados de reconciliación y, por lo mismo, de sacerdotes enviados a reconciliar y perdonar. Es importante que en este Día del Seminario oremos insistentemente a Dios para que nos siga enviando nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal, de modo que nunca nos falten ministros de su misericordia.

Este año el día del Seminario se ha adelantado a este domingo, V de Cuaresma, por coincidir prácticamente la fiesta de San José con el domingo de Ramos. Aun así, en la diócesis celebraremos nuestra Vigilia de Oración por las vocaciones al sacerdocio el día 18, víspera de San José, a las 20 horas en la Catedral de Teruel.

Os pido de corazón apoyo generoso a nuestro seminario y que unamos nuestra plegaria pidiendo al Señor por las vocaciones sacerdotales. Hagamos nuestro Su mandato de pedir obreros para su mies (cf. Lc 10, 2): ¡envía, Señor, seminaristas a tu Iglesia de Teruel y Albarracín, para que se conviertan en testigos misericordiosos del Amor de Dios!

 + Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.