Audiencia Jubilar: “Ser misericordiosos, significa seguir a Jesús en el camino del servicio”

ANSA970705_LancioGrande“El amor, es el servicio concreto que damos los unos a los otros. Un servicio humilde, hecho en el silencio y en lo escondido, como Jesús mismo nos ha mostrado”, lo dijo el Papa Francisco en la catequesis de la Audiencia Jubilar del segundo sábado de marzo (día 12), donde explicó la relación entre “misericordia y servicio”.

En el marco del Año Santo, el Obispo de Roma recordó que “Jesús antes de morir y resucitar por nosotros, realizó un gesto que se ha esculpido en la memoria de los discípulos: el lavatorio de los pies. Un gesto inesperado e impresionante, al extremo que Pedro no quería aceptarlo”.

Comentando el pasaje bíblico del Evangelio de San Juan, del lavatorio de los pies, el Santo Padre explicó que, “de esta forma, Jesús señala a sus discípulos el servicio como el camino a  recorrer para vivir la fe en Él y dar testimonio de  su amor”. Por ello, dijo el Papa, el mismo Jesús ha aplicado a si la imagen del “Siervo de Dios” utilizada por el profeta Isaías, y este gesto se ha convertido en el «mandamiento nuevo» de amarnos unos a otros como Él nos ha amado, es decir, dando la vida por nosotros.

El amor, afirmó el Sucesor de Pedro, es el servicio concreto que damos los unos a los otros. Un servicio humilde, hecho en el silencio y en lo escondido, y se expresa en el compartir los bienes materiales, para que ninguno este en la necesidad.

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco invitó a seguir este gesto y a confesar mutuamente nuestras faltas y a rezar los unos por los otros para sabernos perdonar de corazón. Por ello, agregó el Pontífice, “ser misericordiosos como el Padre significa seguir a Jesús en el camino del servicio”.

(RM – RV)

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nos estamos acercando a la fiesta de la Pascua, misterio central de nuestra fe. El Evangelio de Juan – como hemos escuchado – narra que antes de morir y resucitar por nosotros, Jesús ha cumplido un gesto que se ha esculpido en la memoria de los discípulos: el lavatorio de los pies. Un gesto inesperado e impresionante, al extremo que Pedro no quería aceptarlo. Quisiera detenerme sobre las palabras finales de Jesús: «Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? […] Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros» (13,12.14). De esta forma Jesús señala a sus discípulos el servicio como el camino a  recorrer para vivir la fe en Él y dar testimonio de  su amor. El mismo Jesús ha aplicado a si la imagen del “Siervo de Dios” utilizada por el profeta Isaías. Él, que es el Señor, ¡se hace siervo!  Lavando los pies a los apóstoles, Jesús ha querido revelar la manera de actuar de Dios con nosotros, y dar el ejemplo de su «mandamiento nuevo» (Jn 13,34) de amarnos unos a otros como Él nos ha amado, osea dando la vida por nosotros. El mismo Juan lo escribe en su Primera Carta: «En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. […] Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad» (3,16.18).

El amor, pues, es el servicio concreto que damos los unos a los otros. El amor no es sólo palabras, son obras y servicio; un servicio humilde, hecho en el silencio y en lo escondido, como Jesús mismo ha dicho: «Que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha» (Mt 6,3). Esto implica poner a disposición los dones que el Espíritu Santo nos ha donado, para que la comunidad pueda crecer (Cfr. 1 Cor 12,4-11). Además, se expresa en el compartir los bienes materiales, para que ninguno se encuentre en necesidad. Esto del compartir y de la dedición a quien está en la necesidad es un estilo de vida que Dios sugiere también a muchos cristianos, como camino de auténtica humanidad.

Por último, no olvidemos que lavando los pies a sus discípulos y pidiendo a ellos hacer lo mismo, Jesús nos ha invitado también a confesar mutuamente nuestras faltas y a rezar los unos por los otros para sabernos perdonar de corazón. En este sentido, recordemos las palabras del santo obispo Agustín cuando escribía: «No desprecie el cristiano de hacer lo mismo que hizo Cristo. Porque cuando el cuerpo se inclina hasta los pies del hermano, también en el corazón se enciende, y si ya estaba se alimenta, el sentimiento de humildad […] Perdonémonos mutuamente nuestras faltas y oremos juntos por nuestras culpas y así de este modo nos lavaremos los pies recíprocamente» (In Joh 58,4-5).

El amor, la caridad y el servicio, ayudar a los demás, servir a los otros. Hay tanta gente que pasa la vida así, en el servicio a los demás. La semana pasada he recibido una carta de una persona que me decía que me agradecía por el Año de la Misericordia; me pedía orar por ella, para que pudiera estar más cerca del Señor. La vida de esta persona era cuidar a la mamá y al hermano; la mamá en cama, anciana, lúcida pero no se podía mover y el hermano discapacitado, en una silla de ruedas. Esta persona, su vida, era servir, ayudar. ¡Y esto es amor! Cuando te olvidas de ti mismo y piensas en los demás: ¡esto es amor! Y con el lavatorio de los pies el Señor nos enseña a ser servidores, más siervos, como Él ha sido siervo por nosotros, por cada uno de nosotros.

Por lo tanto, queridos hermanos y hermanas, ser misericordiosos como el Padre significa seguir a Jesús en el camino del servicio. Gracias.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Resumen de la catequesis del Papa Francisco en nuestro idioma

Queridos hermanos y hermanas:

En el relato del Evangelio de San Juan, que hemos escuchado, Jesús, el Maestro, el Señor, lava los pies a sus discípulos, y les manda que hagan esto mismo entre ellos. Jesús enseña a sus discípulos que el servicio es el camino que deben recorrer si quieren vivir su fe en él y dar testimonio del amor. El lavatorio de los pies nos muestra el modo de actuar de Dios para con el hombre, no con palabras, sino con obras y en verdad. El amor se concreta en el servicio humilde, hecho en el silencio y en lo escondido. Este se manifiesta también cuando ponemos a disposición de la comunidad los dones recibidos del Espíritu Santo, y cuando compartimos los bienes materiales para que nadie carezca de lo necesario. El compartir y la donación a los que lo necesitan es un estilo de vida, un camino de auténtica humanidad, que Dios sugiere incluso a muchos de los que no son cristianos. Por último, no olvidemos que la invitación a lavarnos recíprocamente los pies significa vivir en nuestra vida el mandamiento nuevo del amor, confesando mutuamente nuestras faltas, perdonándonos de corazón y rezando los unos por los otros.

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