Enviados a reconciliar

atilanoRodriguezMartinezMons. Atilano Rodríguez        El día 19 de marzo, festividad de San José, la Iglesia celebra un año más el día del Seminario. El lema elegido para la campaña de este año “Enviados a reconciliar” nos recuerda que la misión del Seminario consiste fundamentalmente en formar a los candidatos al presbiterado para que sean buenos instrumentos de reconciliación de los hombres con Dios y de los hombres entre sí.

Los seminaristas, mediante la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral que reciben en el Seminario, se preparan para ser enviados al servicio de todo el pueblo de Dios. Elegidos por Dios de entre los hombres y sin perder el contacto con ellos, una vez ordenados presbíteros, son enviados a las parroquias o a otras responsabilidades pastorales para ser testigos del amor de Dios a todos los hombres, para ofrecer en su nombre el perdón mediante la celebración de los sacramentos y para impulsar una convivencia pacífica y reconciliada entre todas las personas.

En estos tiempos, en los que constatamos la búsqueda egoísta de los propios intereses por parte de muchos hermanos y el progresivo alejamiento de Dios, es preciso que todos escuchemos su llamada a la conversión y a dejarnos reconciliar con Él. El apóstol San Pablo, después de experimentar en el camino de Damasco la luz divina y su amor misericordioso, asumirá con gozo la responsabilidad de recordar a los miembros de sus comunidades la necesidad de dejarse reconciliar con Dios (II Cor 5, 19-20).

El papa Francisco, consciente de que el hombre de hoy como el de otros tiempos, necesita encontrar a Dios o dejarse encontrar por Él para responder a la pregunta por el sentido de la vida, nos ha convocado a celebrar el Jubileo de la Misericordia. Durante este año Jubilar, la meditación de la Palabra de Dios nos ayudará a descubrir el amor misericordioso de Dios hacia nosotros y, revestidos de este amor, podremos dar testimonio del mismo en las relaciones con nuestros semejantes, mediante la práctica de las obras de misericordia espirituales y corporales.

Todos los cristianos, acogiendo la invitación a ser instrumentos de reconciliación y testigos de la divina misericordia, hemos de dar pasos para superar nuestro individualismo estéril y nuestra comodidad enfermiza. Sólo así podremos salir al encuentro de aquellos hermanos que viven en la mentira y en la oscuridad de sus criterios, para animarles a experimentar el amor incondicional del Padre. Los presbíteros, de acuerdo con nuestra identidad y misión, no podemos hacer oídos sordos al encargo del Señor de actuar como guías de la comunidad, servidores de la misma y  ministros de reconciliación.

El mismo Jesús nos recuerda con sus gestos y enseñanzas el camino a recorrer. Al contemplar el desconcierto, la desorientación y el cansancio de las multitudes que le siguen, deseosas de encontrar luz para el camino y curación para sus dolencias, les pedirá a los discípulos que no cierren las entrañas ante el sufrimiento de sus semejantes y oren al Padre celestial para que envíe nuevos trabajadores a su viña. De este modo será posible prolongar en el tiempo la misión del Maestro y Señor.

Para cumplir con este encargo del Señor, en nuestra diócesis seguimos necesitando seminaristas y sacerdotes santos, dispuestos a salir cada día al encuentro de sus hermanos para anunciarles la buena noticia del amor de Dios y para ayudarles a curar las heridas del camino, especialmente mediante la celebración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Si cada día pedimos al Padre celestial que suscite nuevas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, en el día del Seminario invoquemos la especial protección de San José para que acompañe la vocación de nuestros seminaristas y para que ilumine la mente y el corazón de tantos jóvenes que, sin saberlo, buscan a Dios como plenitud de sentido y como esperanza segura para sus vidas.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día de San José.

 

+Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.