En el Día del Seminario

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar       Queridos diocesanos:

Celebramos hoy el Día del Seminario con un lema muy vinculado al Jubileo de la misericordia: “Enviados a reconciliar”. Cristo vino a este mundo para mostrarnos el verdadero rostro de Dios, un Dios con Corazón de padre y de madre, capaz de compadecerse de los pecados y miserias del ser humano, darle su perdón, llenarlo de amor y ternura a pesar de sus pecados. Esta enseñanza fundamental el Señor la muestra a sus discípulos de dos maneras: a través de sus obras, siempre llenas de perdón y de misericordia con los pecadores, y a través de las parábolas desde las que enseña cuál es la verdadera identidad de Dios. Cristo, una vez cumplida su misión en este mundo y vuelto al Padre, deja su misma tarea en manos de los apóstoles para que la lleven al mundo entero. Fundamental es su enseñanza de ayudar y alentar a los pecadores a acercarse al perdón de Dios pues “lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 18, 18); esta preciosa labor de llevar el perdón divino continúa en la Iglesia a través de los siglos por medio los Obispos, sucesores de los apóstoles, y los sacerdotes como colaboradores de los Obispos. Por eso, Cristo ha seguido llamando a jóvenes al sacerdocio para que siga habiendo ministros que ayuden a acercarse a los pecadores a Dios y a la Iglesia, con la confianza de recibir su perdón a través de ellos.

La misericordia de Dios crea en nosotros esperanza y nos llena de alegría; además, nos hace conocer y vivir personalmente la alegría que Dios siente cuando un pecador se acerca a recibir su abrazo de perdón, de ternura y de misericordia. La misión de la Iglesia es acercar a los pecadores a la fuente de la misericordia. En el centro de la misericordia divina está el sacramento del perdón por medio del cual nos llega la paz y el perdón, a través de la absolución sacramental del sacerdote, que nos reconcilia con Dios y con la Iglesia. Por eso, necesitamos que siga habiendo sacerdotes en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades cristianas, para que nos sigan enseñando que Dios es misericordioso; que el Corazón de Dios es compasivo, capaz de perdonar nuestros pecados y no abandonarnos a nuestra suerte cuando pecamos. Necesitamos que Dios siga suscitando vocaciones al servicio de la reconciliación de los pecadores; de ahí el lema de este año: “Enviados a reconciliar”.

Pero hoy, lo sabemos, los jóvenes tienen muchas dificultades para responder generosamente a esta misión. Estas dificultades pueden nacer por varios motivos: se encuentran muy solos en medio de una sociedad que valora sólo lo material y el pasarlo bien a costa de lo que sea; falta apoyo e ilusión desde las familias, incluso las familias cristianas; la misma fe de los jóvenes es, cuando menos, poco consistente y flaquea ante las dificultades. Nuestros seminarios están cada vez más vacíos no porque falten llamadas de Dios sino porque faltan respuestas de parte de las personas.

Frente a esta realidad, tenemos que reaccionar todos, no sólo el Obispo cuando unas parroquias se quedan sin sacerdote y no encuentra recambio para ellas porque no hay a quien enviar. Las vocaciones sacerdotales deben ser una preocupación de toda la comunidad; deben ser cultivadas por las familias, el primer seminario de donde han surgido las vocaciones al sacerdocio. La promoción vocacional debe ser un tema que no pueden saltarse los catequistas en la formación para recibir los sacramentos de la Iniciación cristiana; esta promoción vocacional debe estar presente en cualquier trabajo pastoral con jóvenes, a los que tenemos que ayudar a plantearse su vida como respuesta a lo que Dios pide de ellos. Los sacerdotes debemos promover las vocaciones sacerdotales desde nuestra vivencia alegre del ministerio sacerdotal y haciendo abiertamente, sin miedo, la propuesta vocacional explícita a algunos jóvenes con inquietudes. Además, todos podemos cumplir con el deseo de Cristo: “La mies es mucha y los obreros son pocos; rogad al Dueño de la mies que mande obreros a su mies” (Mt 9, 37).

“Enviados a reconciliar”: Si queremos seguir teniendo sacerdotes que nos enseñen y nos recuerden que Dios es un Padre compasivo y misericordioso, si queremos tener ministros de la reconciliación, debemos tomarnos con muchísimo más interés la tarea vocacional y poner de nuestra parte todo lo que podamos para que siga habiendo jóvenes que se interesen por la llamada de Dios y le respondan generosamente. Que el Señor nos ayude a lograrlo.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.