Parábolas de la Misericordia (y IV): El buen samaritano (Lc 10, 25-37) y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31)

Tortosa Obispo Enrique BenaventMons. Enrique Benavent          La parábola del Padre misericordioso, terminaba con unas palabras dirigidas al hijo mayor que contienen la enseñanza que Jesús quería transmitir a quienes criticaban su modo de actuar: quien no es capaz de alegrarse por el regreso del hermano que se había perdido es porque no ha conocido el corazón del Padre. En el evangelio de Lucas encontramos dos parábolas que contienen otra enseñanza: quien no se compadece del hermano necesitado tampoco ha conocido a Dios. Como todas las parábolas de la misericordia, también estas presentan situaciones con contrastes muy acentuados, lo que ayuda a entender fácilmente el mensaje que el Señor quiere transmitir.

La parábola del buen samaritano es la respuesta a las preguntas que un maestro de la ley le formula a Jesús “para ponerlo a prueba” (Lc 10, 25). Lo primero que sorprende es que Jesús, que en un primer momento es “examinado” por el maestro de la ley, acaba convirtiéndose en el examinador. El escriba tiene una inquietud. Se pregunta por lo que tiene que hacer para heredar la vida eterna. Muestra conocer lo esencial de la ley. Pero su mentalidad legalista aflora pronto: “¿Y quién es mi prójimo?” (Lc 12, 29). Quiere saber exactamente a quién está obligado a amar. Era una cuestión disputada entre las escuelas teológicas en tiempos de Jesús.

Para responder a esta cuestión, Jesús narra la parábola del buen samaritano. Aquí aparece el gran contraste. Aquellos que se dedicaban al culto, al ver al moribundo evitan encontrarse con él. Es un samaritano (con quienes los judíos no se hablan) quien “se compadeció” de él. Esta expresión es importante. Frente a la indiferencia del sacerdote y del levita, la visión de aquel hombre medio muerto toca las entrañas del samaritano, hasta el punto que se pone a actuar. Estamos ante un ejemplo de auténtica misericordia: en el samaritano se unen la compasión y la acción. Toda su persona se vuelca en aquel hombre medio muerto.

El final nos resulta sorprendente. La pregunta decisiva no es la que hace el maestro de la ley a Jesús, sino la que Jesús le dirige a él y a todos nosotros: “¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?” (Lc 10, 36). Y es que no se trata de distinguir a los otros entre prójimos y no prójimos, sino de hacerse prójimo del más necesitado. La pregunta teórica del escriba ha sido transformada por Jesús en un interrogante dirigido a nuestro corazón.

La parábola del pobre Lázaro es la respuesta de Jesús a las burlas de los fariseos, “que eran amigos del dinero” (Lc 16, 14), por sus enseñanzas sobre la imposibilidad de “servir a Dios y al dinero” (Lc 14, 13). También en ella encontramos contrastes: entre la extrema riqueza y la extrema pobreza; entre el anonimato en que queda el rico y la identidad concreta del pobre (es el único personaje de una parábola a quien Jesús puso nombre. San Agustín afirma que esto se debe a que su nombre estaba inscrito en el libro de la vida); entre el destino del pobre y la suerte final del rico. La parábola nos recuerda la escena del juicio final del evangelio de Mateo (Mt 25) y nos advierte que en la práctica de la misericordia no estamos ante una cuestión secundaria en la vida cristiana y que esto está suficientemente claro en la Palabra de Dios.

No olvidemos que Dios nos habla en los pobres y necesitados.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.