«Dios en nosotros y nosotros en Dios»

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella             La Iglesia, a través de los siglos, se ha edificado y se ha mantenido gracias a la Eucaristía. Ella es “fuente, a la vez que culminación, de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium 11).Mediante ella vive, se edifica y crece sin cesar la Iglesia de Dios” (LG 26), tal como indica el Concilio Vaticano II. Ese misterio asombroso e impresionante es cantado, proclamado y adorado por todas las comunidades cristianas: “Cantemos al Amor de los Amores, cantemos al Señor. Dios está aquí”. De este gran misterio quiero hablaros durante las próximas semanas.

La Eucaristía es fuente y meta. Y sabemos que la meta de la vida cristiana es llegar a alcanzar una vida de amistad, de intimidad con Él. Decía san Ireneo de Lyon: “Dios se hizo hombre entre los hombres para enlazar el hombre con Dios”(Contra las herejías, Libro 4, 20,4-5). La meta es alcanzar la filiación, llegar a ser hijos en el Hijo. Y eso lo vamos logrando a través de unos peldaños o moradas: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Jn 14,1-3), decía el Señor. De esas moradas quiero hablaros.

La primera es la de la inhabitación: Dios en nosotros y nosotros en Él. Acercarse a la mesa del Señor, a comulgar de su Cuerpo y de su Sangre, es responder a la llamada del Señor y decirle que entre dentro de nosotros. Él está llamando diariamente a la puerta de nuestro corazón a través de su Palabra, de los acontecimientos de la vida y de sus indicaciones en el silencio de nuestro corazón: “Si alguno oye mi voz, y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”(Ap 3,20).

En algunas iglesias se ha colocado un cartel que recuerda permanentemente esta llamada: “El Señor está ahí y te llama” (Jn 11,28). La Eucaristía, la Cena del Señor, es el camino que introduce en el silencio de Dios, en su presencia amorosa, en el círculo de sus íntimos.

Dice san Cirilo de Alejandría: “El Hijo de Dios, en cuanto hombre, está corporalmente unido a nosotros por medio de la Eucaristía; y espiritualmente unido a nosotros, en cuanto Dios, por medio de la fuerza y de la gracia de su Espíritu recreando en nosotros una vida nueva, haciéndonos participar de su naturaleza divina” (In Joannem XI, 12, 1001). De esta manera llegamos a ser familia de Dios, confidentes de Dios, igual que los santos: “Conciudadanos de los santos, familiares de Dios […] hasta formar un templo santo en el Señor […] morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,19-22). ¡Qué grande es el misterio de nuestra fe! ¡Qué grande e impresionante es el don inestimable de la Eucaristía! Nos hace habitar con Dios: “Si alguno me ama, mi Padre le amará, vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23).

Ojalá que la Eucaristía sea siempre el centro de nuestra vida, que todo gire en torno a ella, que participemos de ella y nos alimentemos de ella, que nos haga crecer y madurar en nuestra fe cristiana, en el gozo incomparable del Espíritu.

+Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona 

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 339 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.